En
España, la dictadura imperante durante el siglo XX trajo consigo el
aislamiento sociopolítco y el escaso desarrollo de los sistemas de
protección social, lo que derivó en un retraso sobre el estudio de
los abusos sexuales, así como el conocimiento y sensibilización de
los mismos (Arruabarrena y De Paul, 1999; Pereda y Forns, 2007).
Finalmente, en el año 1995 diversos autores (López,
Carpintero, Hernández, Martín y Fuentes,1995) se lanzaron a estudiar esta cuestión en muestra española.
Según un estudio reciente (Martínez, Ramírez, Vasilev y Pineda,
2018), realizado con 1218 participantes de 18 a 70 años, el 20.9%
de las mujeres entrevistadas afirmó haber sufrido abusos sexuales
antes de los 18 años. En cuanto a la cifra para los hombres, el 9.3%
declaró haber sufrido alguna clase de abuso sexual siendo niños
(ver tabla). Ahora bien, de todas las personas encuestadas, el 2.8 %
por ciento de las mujeres afirmó haber sufrido abusos sexuales con
penetración. En el caso de los hombres la cifra de abusos sexuales con penetración ascendió hasta el 1.8 % por ciento. Sobre la base de que en España viven 9.188.211 personas de 0 a 19 años (INE, 2018) puede afirmarse, sin lugar a
dudas, que estamos ante un problema que afecta a miles de niñas y
niños, y cuyas consecuencias sobre la salud pueden ser muy graves, a
corto, a medio y largo plazo. Si desea consultar sobre el perfil de situaciones en las que suele darse el Abuso Sexual Infantil, puede consultar el siguiente artículo: Abuso sexual infantil en el hogar: Perfil de víctimas, delincuentes y contextos.
Fuentes principales:
Arias, E., Sanmarco, J., Camplá, X.
(eds) (2018). Libro de Actas del XI Congreso (Inter) Nacional de
Psicología Jurídica y Forense.
Martínez, A., Ramírez, J., Vasilev,
V., Pineda, D. (2018). Prevalencia y características del abuso
sexual infantil en España. Libro de Actas del XI Congreso (Inter)
Nacional de Psicología Jurídica y Forense.
Ya hemos hablado de lo malos que somos los seres humanos detectando mentiras, con todo, de
lo que vamos a hablar hoy es de un método de detección de mentiras tan
controvertido como popular. De hecho, se ha afirmado que es la técnica de interrogatorio más empleada en los Estados Unidos. Según los autores del Método Reid, JohnE. Reid & Associates, han entrenado a 500.000 profesionales,
fundamentalmente policías de
Estados Unidos, Canadá, Méjico, Alemania, Bélgica, Japón,
Corea del Sur, Singapur, Arabia Saudí y Emiratos Árabes (Blair y Kooi, 2004). Incluso es posible encontrar el método Reid en su versión de manual (Inbau, Reid, Buckley y Jayne 2001).
Este método tan internacional se basa en el Behavior Analysis Interview (Inbau et al., 2001, p.
173) o BAI y consta de una serie de fases, así como preguntas concretas aplicables a cada caso (p. ej:
“Jim, ¿Cuál crees que es el objetivo de esta entrevista conmigo
hoy aquí?” o “Jim, ¿qué crees que se debería hacer con la
persona que provocó este incendio?” ). La intención es que esas preguntas generarán una serie de respuestas en los interrogados. Si desea ver más ejemplos de las preguntas del método BAI consulte la página 328 de la Fuente (Anexo L). Además, el Método Reid emplea indicadores no
verbales como la postura o la posición de las manos, entre otros.
De esta manera, se asume que quien diga la verdad permanecerá más
erguido y de frente al interrogador. Por otro lado, quienes crucen los brazos, hagan un golpeteo
rítmico con las manos, o bien se arreglen el pelo estarán emitiendo, sin saberlo, marcadores de mentira. Mirar fijamente el entrevistador o mirarle muy
poco también será indicio de mentira. Si el entrevistador realiza
determinadas preguntas y el entrevistado cambia de postura
sistemáticamente ante ellas, también se considerará indicador de
falsedad. Por tanto, parece que estamos ante un método aparentemente capaz de dilucidar la verdad o la mentira en tan sólo unas pocas horas de trabajo.
Pero la pregunta es: ¿realmente funciona? Los investigadores Kassin y Fong (1999) decidieron probarlo. En dicho estudio se entrenó a un grupo de estudiantes de Psicología en la Técnica Reid. La conclusión de dicho estudio fue que: "los participantes no entrenados alcanzaron tasas de
precisión superiores a las de los entrenados. Sin embargo, estos últimos
mostraron más confianza en sus juicios". Por su parte, Blair y Kooi (2004) investigaron la cuestión revisando los estudios disponibles al respecto y sometiéndolos a análisis estadísticos. Sus conclusiones fueron las siguientes: "En general, los resultados sugieren que el modelo de Reid en relación a la
conducta no verbal es demasiado simplista, y en algunos casos simplemente
incorrecto. Uno podría esperar encontrar que las personas entrenadas con la
técnica Reid podrían exhibir una menor precisión en la detección del engaño
(Blair y Kooi, 2004, p. 82)".
De manera contundente, podríamos
resolver la cuestión con lo apuntado por el Doctor en Psicología
Hernán Alonso (2009) al concluir: “En definitiva, los resultados
de los estudios expuestos apuntan a que el entrenamiento en la
Técnica Reid no solamente no mejora la precisión en la evaluación
de la credibilidad, sino que la empeora (Kassin y Fong, 1999)”. Y es que se ha mencionado en diversas publicaciones que la Técnica Reid "arranca" un gran número de confesiones falsas.
La siguiente pregunta que cabe plantearse es: si no es efectivo, ¿porqué se emplea? La respuesta no parece sencilla pero tal vez, tan sólo se deba a la fama de su creador, ya que John E. Reid, desarrolló estudios sobre el polígrafo que le hicieron tan popular como su método, al menos, en los Estados Unidos.
Estadística
de las denuncias de violencia de género en España desde el 2009 hasta
el 2017
En
España la estadística sobre mujeres que denuncian malos tratos por parte de sus
parejas las recoge el Instituto Nacional de Estadística (INE, 2018)
1
e
integra datos de diversas fuentes, entre ellas el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). Tomando el intervalo desde 2009 hasta 2017 en
ningún caso las denuncias han descendido de 124 893 (ver gráfico
1) por año. Ahora bien, intuitivamente pueden observarse dos periodos. El
primer periodo, desde 2009 hasta 2013, parece caracterizarse porque las denuncias iban en ligero descenso, pasando de 135
539 en 2009 hasta 124 839 en 2013. El segundo periodo, a
tenor de los datos del INE (2018), sugiere un aumento de las
denuncias, pasando de 126 742 en 2014 hasta llegar a la cifra máxima de 166 260 en 2017.
Descripción
estadística del feminicidio en España entre 1999 y 2017
De
manera informal se entiende que el feminicidio es la
aplicación más extrema de la violencia de género.
La Organización Panamericana de la Salud (2013) 2
define el feminicidio como: “el
asesinato intencional de una mujer por el hecho de ser mujer, pero
las definiciones más amplias abarcan todo asesinato de una niña o
una mujer[...]El femicidio difiere en formas específicas de los
homicidios de hombres. Por ejemplo, la mayoría de los femicidios son
cometidos por una pareja actual o anterior de la víctima e incluyen
maltrato repetido en el hogar, amenazas o intimidación, violencia
sexual o situaciones en las que las mujeres tienen menos poder o
menos recursos que su pareja”.
En
lo que a feminicidios se refiere, en España, las estadísticas del
INE (2018)
recogen los datos de las muertes de mujeres en las que el agresor
resultó ser el “cónyuge,
ex-cónyuge, compañero sentimental, ex-compañero sentimental, novio
o ex-novio”.
A su vez, los datos del INE (2018), desde 1999 hasta 2005 se basaban
en los recogidos por el Instituto de la Mujer, las noticias
de prensa y la información recavada por el Ministerio del Interior. A partir del
año 2006, según se afirma, el INE extrae los datos a partir de la
Delegación del Gobierno para la Violencia de Género. Las cifras recogidas en el Gráfico 2 contemplan el número de víctimas
mortales por violencia de género teniendo en cuenta el año (INE, 2018). Según los
datos disponibles, desde el año 2011 hasta la fecha no parece haberse superado la cifra de
61 muertes al año, a lo largo de tres años consecutivos. Cambios legislativos y campañas de prevención pueden haber motivado la reducción de asesinatos de mujeres a manos de sus pareja. Siguiendo esta idea,
tal y como puede observarse, a finales del Siglo XX y principios del
Siglo XXI, se dan dos periodos de tiempo más o menos diferenciados,
desde 1999 hasta 2010, cuando encontramos cifras comprendidas entre
las 50 (año 2001) y las 76 (año 2008) víctimas mortales. En
cuanto al segundo periodo, desde el 2011 hasta 2017, la cifra
mínima es de 49 mujeres asesinadas (año 2016) hasta la alcanzar la cifra
máxima, que asciende a un total de 61
mujeres asesinadas en el año 2011. Por tanto, parece ser que en los últimos siete años, estamos ante un panorama tendente a no superar las 61 víctimas mortales, pese a estar dándose una fase de incremento en el número total las denuncias.
¿Cuántas
de las víctimas que han muerto habían presentado denuncia?
De
acuerdo con las Fichas Resumen de Víctimas Mortales que proporciona
el Ministerio de Sanidad y Servicios Sociales e Igualdad no es hasta
2006 cuando comienza a facilitarse el porcentaje de personas que
mueren a manos de su pareja o ex pareja y que, a la vez, habían denunciado por violencia de género. De
acuerdo con los datos disponibles del INE (2018), el porcentaje de
mujeres que habían denunciado y que ahora están muertas oscila entre el 19.2% (2012) y el 34,7 % (2016) (ver gráfico 3).
De todo ello se desprende que, aunque seguramente sea más casualidad que causalidad, según parece, en el año 2016 se alcanzó el mayor porcentaje de mujeres fallecidas que habían denunciado (34,7%) desde 1999 hasta 2017. Ese mismo año 2016 se registró la cifra más baja de mujeres muertas por violencia de género; un total de 49 víctimas (tomando el intervalo de 1999 hasta 2017). Por tanto, a tenor de este dato, y como hipótesis podría afirmarse que cuando las víctimas mortales denuncian más, mueren menos. Dando respuesta a la pregunta inicial, en cifras totales, en el año 2016, de 49 mujeres que murieron a manos de sus parejas o ex parejas, en 17 casos se había puesto denuncia; en trece de ellos las víctimas habían denunciado directamente, siendo 4 las denuncias presentadas por otras personas. En cuanto al año 2017, se produjeron 51 víctimas mortales, 11 de ellas habían denunciado directamente, tan sólo en un caso la denuncia la puso una tercera persona.
Ahora bien, como hipótesis a cuestionar, es posible que un mayor número de denuncias reduzca las probabilidades de que se produzcan menos feminicidios. En esta misma línea, ya se ha comentado que, según el caso, existen evidencias científicas que sugieren que aquellos maltratadores que incumplen las órdenes de alejamiento por violencia de género tienen una mayor probabilidad de volver a agredir a sus parejas. Lógicamente para que haya orden de alejamiento, en primer lugar ha de haber denuncia. El cómo, dónde y con quién ir a denunciar es una cuestión de tremenda importancia, tanta que se abordará en artículos futuros.
La
tarea de Stroop Emocional consiste en presentar en una pantalla o
lámina tres tipos de palabras (positivas, neutras y negativas), la
persona tan sólo ha de responder el color en el que están escritas.
De primeras parece una tarea sencilla y sin duda lo es. Ahora bien,
¿qué ocurre cuando la palabra que se nos presenta nos genera
emociones? Pues, generalmente, que nos lo tenemos que pensar un poco
más. Ya hace unos años que diversas autoras (Baños, Quero y
Botella, 2005)llegaron a la conclusión que las personas con fobia
social, tardaban más en responder a palabras de "Amenaza
Social" como "Torpe", "Timidez", "Ofensa"
o similares, al menos cuando se comparaba con personas sin fobia
social ni trastorno mental o emocional.
Por
su parte, encontramos un efecto, cuanto menos curioso, en
determinadas víctimas de violencia de género. Y es que diversas
fuentes (Hidalgo,
Gómez, Bueso, Jiménez, Martin y Pérez, 2012; Mata,
Sánchez, Fernández, González y Pérez, 2014) parecen
haber encontrado que determinadas víctimas de violencia de género,
lejos de dar una respuesta más lenta ante palabras emocionales
negativas, dan respuestas más rápidas al color de las palabras.
Según el grupo de investigación (Hidalgo,
Gómez, Bueso, Jiménez, Martin y Pérez, 2012) de la Universidad de
Granada (España):“Las
mujeres víctimas de violencia muestran un bajo tiempo de reacción
ante palabras negativas y de maltrato [...] Este hecho puede deberse
a la necesidad constante de estar alerta ante estos contenidos
amenazantes, lo cual -en lugar de provocar mayor afectación en los
tiempos de reacción- produce una sensibilización emocional y un
procesamiento emocional más rápido”. Dicho de otra manera,
responderían antes como un mecanismo de supervivencia.
Podría
pensarse que estamos ante un efecto aislado pero otro grupo de
investigadores/as (Mata,
Sánchez, Fernández, González y Pérez, 2014 ) obtuvieron que
la media de palabras nombradas dentro del grupo de mujeres víctimas
de malos era inferior (media= 45.47, DT=11.26) frente a la media de
tiempo de palabras nombradas por mujeres del grupo control
(media=57,22, DT= 14,97, t= -4,285 y gl=93, p= .000), encontrando
diferencias significativas en ambos grupos. Por tanto, cabe pensar
que estamos ante una serie de hallazgos que en el futuro podrán
servir para identificar a víctimas reales de víctimas simuladoras.
No obstante, aun no se ha probado si personas normales instruidas
para simular pueden comportarse como víctimas reales. Y es que
lo queramos o no, cuando estamos en el contexto médico-legal, habrá
de sospecharse simulación (DSM-5, APA, 2014). Por ello, antes de incorporar la tarea Stroop Emocional a los protocolos de Psicología Legal y Forense, son precisas más investigaciones con población instruida para simular.
Referencias:
Asociación
Americana de Psiquiatría. (2014). Manual diagnóstico y estadístico
de los trastornos mentales DSM-5.(5ª ed.) Arlington, VA, Asociación
Americana de Psiquiatría
Baños,
R.M, Quero, S. y Botella, C., (2005). Sesgos atencionales en la fobia
social medidos mediante dos formatos de la tarea Stroop emocional (de
tarjetas y computerizado) y papel mediador de distintas variables
clínicas. International Journal of Clinical and Health Psychology,
5, 23-42
Hidalgo,
N., Gómez, P., Bueso, N., Jiménez, P., Martin, E. & Pérez, M.
(2012).Secuelas cognitivas en mujeres víctimas de violencia de
género. Tercer Congreso para el estudio de la violencia contra las
mujeres, 26 y 28 de noviembre de 2012.Granada, España.
Mata,
S., Sánchez, A., Fernández, L.M., González, S., Pérez, M., C.
(2014). Procolo de screening de hipervigilancia emocional en el
trastorno de estrés postraumático en víctimas de violencia de
género. International Journal of Developmental and Educational
Psychology, Nº1-Vol.2, 2014. ISSN: 0214-9877. pp:187-204
A veces se nos olvida
que hasta principios del siglo XX las custodias se otorgaban
sistemáticamente a los padres. La premisa de la época era que los
padres estaban en mejores condiciones económicas para sostener a
los hijos, quienes, junto con las esposas, eran de su propiedad
(Ackerman, 1995; Wall y Amadio, 1994). A mediados del siglo XX
hubo un cambio en las ideas de la sociedad occidental y tras el
divorcio, los menores vivían casi exclusivamente con sus madres.
Pasados unos años, esta corriente de custodia monoparental volvió a
cambiar en la década de los setenta. En esta década, en
Inglaterra, comenzó a poder compartirse la responsabilidad de los
hijos, apareciendo los primeros casos de custodia compartida. Pasados
más de cuarenta años, aun hay autores como Bayata (2013) que ponen
de manifiesto que la custodia compartida “no tiene una definición
clara”. Por tanto, como el problema es complejo, lo partiremos en
trocitos más pequeños que nos permitan entenderlo mejor. Así es
como distinguiremos entre “Custodia física compartida” y
“Custodia legal compartida”.
*Custodia física
compartida: Es aquella en la ambos progenitores pasan un tiempo
considerable con el menor. De hecho, los investigadores afirman que
se hablará de custodia física compartida cuando se pasa con uno de los
progenitores entre el 33% y el 50% de tiempo y el resto con el otro.
*Custodia legal
compartida: En esta modalidad, los menores tienen una residencia
principal que suele conservar uno de los progenitores. Bien es cierto
que esto no garantiza que se vayan a llevar a cabo unas
comunicaciones fluidas y constantes con ambos progenitores. Ahora
bien, esta modalidad de custodia permite que los derechos y
responsabilidades de los progenitores sean igualmente importantes
para la toma de decisiones sobre las cuestiones de la vida de los
menores.
El tema de la custodias
es de capital importancia para la sociedad y las personas que la
componen. Esto es lo que han estudiado diversos autores y autoras,
llegando a similares conclusiones: La separación o el divorcio
conflictivos puede tener un elevado impacto en la salud de los hijos
e hijas y también en los progenitores. Más concretamente, los hijos
de padres divorciados presentan un riesgo elevado de problemas como
asma, obesidad, hipertensión, cáncer, enfermedad, crónica y aguda
y otros problemas (Hemminki y Chen, 2006; Lorenz, Wickrama, Conger y
Elder, 2006; Maier y Lachman, 2000; Orgilés, Amorós, Espada y
Méndez, 2008; Seijo, Novo, Carracedo y Farina, ˜ 2010; Troxel y
Mathews, 2004; Yannakoulia et al., 2008 ). El efecto es que “los
hijos de padres divorciados acuden a las consultas y servicios de
psiquiatría del niño y del adolescente en mayor proporción que los
niños de familias no separadas” (Mardomingo, 1994, p. 623). Esto
no quiere decir que separarse sea malo, si no que ha realizarse de
una manera adecuada y lo menos conflictiva posible.
De esta manera, tras
revisiones de estudios (metaanálisis), autores como Bauserman
(2002) encontraron que no había diferencias entre hijos de padres
que seguían juntos y aquellos hijos separados bajo el régimen de
custodia compartida. Por tanto, queda claro que no es la separación
o el divorcio lo que produce impacto en los menores, si no que, entre
otras cuestiones, es la elevada conflictividad lo que puede producir
daños psicológicos. La custodia compartida puede ser una salida muy
acertada y deseable. Esto no quiere decir que la custodia compartida
sea lo más beneficioso para los menores en todos los casos. Tan sólo
quiere decir que la custodia compartida, física o legal, son
opciones que, si se aplican adecuadamente, pueden producir amplios beneficios
para los menores, madres y padres pudiendo ser “una oportunidad de
mejorar sus vidas” (Fariña, Seijo Arce y Vázquez, 2016).
Corría el año 1950 cuando el psicólogo Udo Undeutsch comenzó a trabajar en una un método para valorar la realidad de la declaraciones de menores abusados sexualmente. Una de sus primeros descubrimientos fue que en los relatos imaginados y los reales, había diferencias en la cantidad y contenido. De esta manera, comenzó el primer viaje del SVA (Statement Validity Assessmen) y del CBCA, abriéndose el camino para un método científico de valoración de la credibilidad.. A día de hoy, el SVA/CBCA se compone de tres pasos 1: 1) Una entrevista con el evaluado/a (y transcripción de la entrevista grabada en video). 2) Revisión en el listado de 19 criterios básicos y 3) Comprobar la Lista de Validez del SVA. Ahora bien, antes de llevar a cabo un procedimiento como éste es imprescindible haber recibido formación a cargo de profesionales que ya hayan demostrado su eficacia.
Con frecuencia, todavía hay profesionales que consideran que el SVA/CBCA tan sólo puede ser usado con garantías en menores inmersos en problemáticas de abusos sexuales. Sí es cierto que hace más de diez años (2005) aun se tenía la concepción de que 1 “la aplicación del CBCA ha intentado generalizarse a adultos. Sin embargo las investigaciones no son tan abundantes como lo son en el caso de menores”. Esta afirmación no pasó desapercibida para la comunidad científica y ése mismo año, dos autores (Arce y Fariña, 2005) 2 decidieron unir la técnica SVA/CBCA junto con métodos para generar más información (Entrevista Cognitiva Mejorada), así como una medida de las consecuencias psicológicas del hecho delictivo (Entrevista Clínico-Forense y test). Y así, nació el Sistema de Evaluación Global (Arce y Fariña, 2005)2 , un procedimiento de psicología forense aplicable a múltiples contextos. Ahora bien, no es hasta aproximadamente el año 2010 3 cuando se prueba este SEG a los casos de violencia de género. Con tal suerte que, ese mismo año, Vilariño 4 recoge en su trabajo, una serie de criterios de realidad, (adicionales a los 19 del CBCA), específicos de violencia de género (véase página 189 4) descubiertos por los propios Arce y Fariña. Más recientemente estos autores y autoras (Amado, Arce, Fariña y Vilariño, 2016) 5 han decidido estudiar si efectivamente la técnica CBCA y la Hipótesis Undeutsch es aplicable a adultos, para ello han tomado por base 39 estudios y, tras un análisis estadístico (metanálisis) en los que se empleaban testimonios de víctimas y agresores, han concluído que los resultados confirman la hipótesis de Undeutsch y validan el CBCA como técnica. Ahora bien, también han descubierto , entre otras cuestiones, que no todos los criterios discriminan igual de bien entre memorias reales y autogeneradas (imaginadas) .
Una manera sencilla de definir la
memoria podría ser aquella capacidad del cerebro para almacenar, recuperar y dar sentido a la información disponible. Este último punto de
dar sentido es tan importante como la capacidad misma de almacenar y recuperar.
Tal y como menciona la investigadora
Elisabeth Loftus “muchas personas piensan que la memoria es un dispositivo de
grabación” pero lo cierto más que grabar, crea los recuerdos a partir de la
información que hay, y con mucha frecuencia rellena los huecos con lo que
pensamos que ocurrió.
Existen un buen número de teorías y modelos que pretenden
reflejar cómo funciona la memoria. Para comprender el fenómeno de las falsas
memorias vamos a explicar algunos conceptos básicos de manera simplificada.
En primer lugar tenemos dos
memorias sensoriales que procesan información visual (memoria icónica) e
información auditiva (memoria ecoica). Si usted fija la mirada en un punto y
cierra los ojos, verá que queda en la
oscuridad una imagen de lo que ha visto, desvaneciéndose poco a poco. Esto se
llama icón y tiene también su equivalente auditivo. Un ejemplo típico es cuando
termina una conversación con una persona y aun hay palabras resonando en nuestra memoria de lo último que se dijo. Además de estas dos memorias sensoriales tenemos la memoria a corto
plazo (MCP) que es el almacén responsable de registrar lo que vemos y
oímospara almacenarlo brevemente.
Además,la memoria a corto plazo,
también se encarga de gestionar la información perciba y recuperar parte de la almacenada,
por ello también es llamada Memoria Operativa (MO).La capacidad de esta memoria a corto plazo es
limitada y corresponde a una media de 7 unidades de memoria (también llamadas chunks; Miller, 1956). Y para terminar,
está la memoria a largo plazo (MLP) que es la que más corresponde con la idea de memoria tal cual la entendemos y cuya
capacidad de almacenamiento parece ilimitada.
Los primeros en tratar este tema de
las falsas memorias, fueron entre otras investigadoras, Loftus y Palmer (1974).
Diseñaron un experimento en el cual un grupo de personas veía un accidente de tráfico. Tras el vídeo, las
experimentadoras les pidieron a los participantes que estimaran la velocidad
del vehículo. Y aquí está el truco, cuando los experimentadores preguntaban “¿A
qué velocidad un vehículo contactó (contacted)
con el otro?” los participantes dijeron, de media, 31.8 millas por hora. Cuando
las experimentadoras preguntaban “¿A qué velocidad un vehículo chocó o hizo
pedazos (smashed) al el otro?” la
estimación era de 40.8 millas por hora.
Una de estas autoras, Elisabeth Loftus (1975), decidió ir realizar otro experimento e ir un poco más allá. Tras exponerles a los participantes la película de un accidente de tráfico les preguntó: “¿cómo de rápido iba el deportivo blanco
cuando pasó el granjero mientras circulaba por la carretera local?”. Un 17%
dijo ver un granjero que nunca existió. Habrá de mencionar el detalle que
cuando uno participa en este tipo de experimentos suele estar bastante alerta
para hacerlo lo mejor posible. Por otro lado, estas situaciones artificiales
están lejos de ser fieles a lo que ocurre en la vida cotidiana (p.ej:
presenciar un accidente de vehículo real).
Continuando con la manipulación
experimental de recuerdos tenemos, dentro de los clásicos, el estudio de Brown, Deffenbacher y Sturgill
(1977). En un estudio sobre identificación de culpables, estos experimentadores
le pidieron a los participantes (testigos) que reconocieran a un culpable en una rueda de
reconocimiento. Generalmente, para que el reconocimiento sea válido la persona de ha estar "completamente segura". Lo que ocurrió fue que si el participante (testigo) había visto previamente una foto de una persona
(cebo) que estaba en la rueda de reconocimiento, el 20% lo identificaron como
culpable. Desde luego, la foto del cebo que habían visto los participantes (testigos) no
tenía relación con el delito observado. Dentro de las posibles causas de esta
falsa identificación está que los testigos al reconocer la cara del cebo,
tienen una sensación de haberlo visto con anterioridad. La lógica nos dice que como
está en la rueda, intuitivamente debería ser el culpable, de lo contrario ni
estaría en la rueda ni nos resultaría familiar su cara. De esta manera, más que
reconocer al culpable, se deduce quién es el culpable. Una vez más, vemos que la memoria, no sólo almacena y recupera
información si no que también supone y rellena ciertas partes para darle un
sentido de coherencia. A fin de cuentas sin los recuerdos de que almacenamos en la memoria seríamos personas muy diferentes.
En un estudio más reciente llevado
a cabo por autores españoles (Manzanero, López, De Vicente y Ronco, 2008) se
probó cómo influye poner un cebo (inocente) en las ruedas de reconocimiento. Cuando los
testigos veían a la misma persona (cebo) en dos ruedas diferentes se producía
un efecto curioso. Cuando el cebo estaba en dos ruedas, en la segunda rueda, el 19.2 % de las personas identificaba
al cebo como el culpable aunque el autor real de los hechos estuviera delante. Por su parte, cuando el cebo era visto en la primera rueda de reconocimiento,
tan sólo el 3.7 % de las personas lo identificó como culpable.
Tal y como se ha visto en algunos
de estos ejemplos, la manipulación de la información puede alterar la memoria,
de tal manera que Manzanero (2015) menciona las siguientes circunstancias que
pueden generar falsas memorias:
*Información Postsuceso
(conversaciones, visionado de vídeos, etc.)
*Simple imaginación.
*Recuperaciones múltiples (p.ej:
recordarlo un buen número de veces)
*Distintos tipos de terapias (p.ej:
imaginación guiada o hipnosis)
*Formato de las preguntas (manera
de preguntar).
Respecto a este último punto es
preciso tener muy en cuenta que las preguntas que se hagan sobre un suceso pueden
alterar las respuestas y hacernos ver granjeros que no existen. En el siguiente
vídeo, podemos ver a Elisabeth Loftus relatando algunos de sus hallazgos.
Referencias: Manzanero, A., L. y Álvarez, M.,A. (2015). La memoria
humana. Aportaciones desde la neurociencia cognitiva. Ed. Pirámide.
Entenderemos por comportamiento
violento, aquel “conjunto de estrategias por medio del cual los individuos,
a veces en solitario, a veces en grupo, tratan de imponer su voluntad de poder
y dominio sobre otros, usando tácticas comportamentales que producen daño o
malestar en las victimas” ( citado en Hilterman y Andrés Pueyo, 2005). Existen un buen número de instrumentos para
valorar la probabilidad de que una persona emita conductas violentas. Para la valoración
de conductas de violencia contra la pareja, podemos recurrir a la entrevista S.A.R.A. ,
entre otras; si lo que queremos es valorar el riesgo de ejercer violencia sexual, puede
usarse el SVR-20; cuando hay presencia de psicopatía podemos emplear el PCL-R y
cuando pretendemos valorar el riesgo de comportamientos violentos uno de los instrumentos
de elección puede ser el HCR-20: Guía para valoración del riesgo de comportamientos
violentos. El presente artículo pretende
ofrecer una muestra detallada y resumida de instrumento. En ningún caso este artículo podrá sustituir el manual original publicado por la Universitat de Barcelona ya que en él figuran numerosas
cuestiones a tener en cuenta en una valoración de riesgo.
En sus inicios, en HCR-20 fue desarrollado por la Comisión
de Servicios Forense-Psiquiátricos del British Columbia (Canadá) y actualmente comprende 20 ítems que están
relacionados con factores actuariales (análisis estadísticos de datos acumulados) y
clínicos, todos ellos con una probabilidad relacionada con los comportamientos violentos.
La codificación de cada uno de los veinte ítems es muy similar al de otros instrumentos
de valoración del riesgo como la SARA o el Sexual Violent Risk 20 (SVR 20):
0.-No. El ítem está claramente ausente o no se puede
aplicar.
1.- Quizá. El ítem está presente con probabilidad, o con una
intensidad limitada.
2.- Sí. El ítem está claramente presente.
Omitir-.No se sabe. La información es suficientemente válida
para tomar la decisión acerca de la presencia o ausencia del ítem.
Los primeros ítems a valorar corresponden a los Ítems Históricos (Pasado del Evaluado):
H1. Violencia previa.
Los actos de violencia moderada incluirían “abofetear, empujar y otras
conductas que no causen lesiones serias o permanentes”. Los actos de violencia
grave englobarían aquellas conductas que causen “muerte o lesiones muy severas”.
H2. Edad de comienzo.
Cuanto más temprano sea el primer acto violento conocido (que no el primer
delito identificado) mayor puntuación se le otorgará.
H3. Relaciones
inestables de pareja. Dentro de inestabilidad se entiende “muchas
relaciones no duraderas, ausencia de relaciones, o presencia de conflictos en
las relaciones duraderas”.
H4. Problemas
relacionados con el empleo. Este ítem evalúa los problemas del sujeto con
el empleo y no la capacidad para
encontrar un trabajo.
H5. Problemas con el
abuso de sustancias adictivas. A mayor es la conducta adictiva mayor es la puntuación
que se ha de otorgar.
H6. Trastorno mental
grave. Análogamente al caso anterior, cuanto más grave sea la patología
mental, mayor será la puntuación que se ha de otorgar.
H7. Psicopatía.
Para evaluar este ítem es preciso conocer la puntuación del PCL-R o el PCL:SV
(versión del PCL con muestra psiquiátrico-civil).
H8. Desajuste
infantil. Cuanto más desajustado haya sido el comportamiento infantil y en
mayores contextos se haya presentado (p. ej. casa y/o escuela), mayor
puntuación recibirá este ítem.
H9. Trastorno depersonalidad. La puntuación viene de la mano de probabilidad de existencia
de alguno de los trastornos de personalidad recogidos bien en el DSM o en la
CIE.
H10. Incumplimiento
de la supervisión. Este factor valora cuestiones que van desde escapar de
un centro penitenciario, hasta reincidencia delictiva durante el periodo de
libertad condicional pasando por causar
un altercado o volver tarde cuando se la ha concedido permiso.
A continuación figuran los Ítems Clínicos (Presente del evaluado):
C1. Carencia de introspección.
Este ítem se relaciona con la consciencia y comprensión que la persona tiene de
su problema con la ira y la violencia.
C2. Actitudes negativas.
Este se ítem pone de manifiesto valorando
el grado de antisocialidad de las actitudes del evaluado, con frecuencia está
relacionado con los grupos u organizaciones sociales a los que los evaluados
pertenecen y que contribuyen a perpetuar actitudes criminógenas.
C3. Presencia activa
de síntomas de trastorno mental grave.
Evalúa la existencia de síntomas psicóticos que invalidan/anulan el
autocontrol así como aquellos que amenazan la seguridad de la persona.
C4. Impulsividad.
A mayor impulsividad mayor puntuación.
C5. No respuesta al
tratamiento. Evalúa la persistencia de las conductas violentas a pesar el
de los tratamientos recibidos. Una peor
respuesta al tratamiento es igual a una mayor probabilidad de desarrollar
conductas violentas.
En el siguiente punto figuran los Ítems de Afrontamiento del riesgo (Futuro del
evaluado):
R1. Ausencia de planes
de futuro viables. Este ítem pone de manifiesto que cuantos menos planes de
futro tiene la persona y cuanto menos realistas sean, mayor será la probabilidad
de volver a desarrollar conductas violentas.
R2. Exposición a
factores desestabilizantes. Cada persona expresa la violencia bajo una
serie de circunstancias (p. ej: Agresiones ante exposición a drogas, ante rechazo
de personas del circulo social del evaluado o exposición a situaciones frustrantes entre
otros). A mayor presencia de factores de inestabilidad mayor será la puntuación
en este ítem.
R3. Carencia de apoyo
social. Un grupo social (p. ej. familia) puede dar seguridad al evaluado,
reduciendo la sensación de amenaza que generalmente sienten las personas con
comportamientos violentos. A mayor carencia de apoyo social, mayor puntuación
en este ítem.
R4. Incumplimiento a
los tratamientos prescritos. El incumplimiento y la escasa adhesión a los
tratamientos afectan a la comisión de conductas violentas y favorece la inestabilidad.
R5. Alto nivel de
estrés experimentado. Afrontar el estrés con poca eficacia incrementa la
probabilidad de emitir conductas violentas. A mayor probabilidad de mal control
del estrés, mayor habrá de ser la puntuación en este ítem.
Y es al final del manual, donde tenemos a disposición una práctica ficha en la
que se recogen los resultados de este instrumento tan expandido por el ámbito
forense y penitenciario, ya que como se ha visto, para obtener la puntuación de
cada ítem con garantías es necesario consultar un buen número de fuentes de
información.
La palabra forense viene del latín forum que no es otra cosa que mercado, plaza o espacio público en
que el que tiene lugar la vida de los y las ciudadanas griegas y romanas. Era
en el forum donde tenían lugar los
juicios, por eso, con frecuencia se cita el apelativo de jurídico-forense para
nombrar aquellos profesionales que esclarecen circunstancias de los delitos y
las denuncias.
Para comprender la labor de la psicología forense en las
Salas de lo Penal es preciso entender un poco cómo funciona un tribunal. La ley
surgió para traer paz a los miembros de la sociedad, por tanto, el
funcionamiento de las salas de justicia es similar al de cualquier otro
conflicto. De manera muy simple podríamos decir que hay alguien que ataca (acusa).
Hay alguien que defiende (defiende de las acusaciones) y otro alguien que decide
quién es el vencedor (árbitro, que por analogía sería juez). De manera más
fiel, en un Juicio (o Vista Oral) podremos encontrar los siguientes miembros:
-Magistratura
(Juezes/as): Parte imparcial, toma en cuenta todas las pruebas y aplica el
código en base a ellas (en derecho inquisitorial como ocurre en España).
-Fiscalía (ACUSA): Es
esa persona que el Estado pone al servicio del denunciante o
la víctima y que lo representa.
-Abogacía de la
Defensa (DEFIENDE): En la mayor parte de códigos legales del mundo está recogido
que todos tenemos derecho a un juicio justo. Independientemente de lo que leve
o escabroso de un delito, esta persona se encargará que defender los derechos y
la versión del acusado.
-Abogacía de la Acusación
(ACUSA): Además de la Fiscalía, de manera particular, el denunciante,
perjudicado o víctima puede tener una
representación en la sala de justicia.
Como es lógico cada uno tiene su lugar en la sala de
justicia, y suele ser fijo e inamovible. Los jueces está al fondo de la sala y
el público es el más cercano a la entrada. Si alguna vez ha estado en una sala
de justicia verá que la colocación es la siguiente:
De esta manera, en
las salas de justica los psicólogos forenses pueden ser de dos tipos:
1.- Psicólogo/a
Forense de Oficio. Cuando el profesional es llamado por la Magistratura o la Fiscalía (p. ej. Fiscalía de Menores) se
llama de Oficio y depende de los Juzgados. Habitualmente trabajan dentro de los
Institutos de Medicina Legal (IML) o bien en gabinetes con convenio con el IML.
2.-Psícologo/a
Forense de Parte. Cuando el denunciante (perjudicado o víctima) o el
denunciado (acusado) es quien llaman al Psicólogo/o Forense se denomina de
Parte.
Existen ciertos prejuicios a cerca de cada uno de ellos pero lo cierto
es que tanto Psicólogos Forenses de Oficio como de Parte realizan el mismo juramento (o promesa) a decir la verdad y están sujetos a las mismas sanciones
penales ante el incumplimiento del mismo.
Por tanto, a excepción del público, cualquiera de las partes
(Magistratura, Fiscalía, Defensa y Acusación) puede aportar pruebas
psicológico-forenses que permitan esclarecer los hechos. De manera gráfica
podría resumirse así:
Ya por último mencionar que los psicólogos/as forenses de
Parte son privados mientras que los de Oficio son públicos. Más allá de quien
los contrate, la labor de los abogados es representar los intereses de sus
clientes, mientras que la labor de los peritos es la de representar la verdad. Si
usted desea alguien que defienda exclusivamente su verdad no le extrañe que a lo largo del proceso de evaluación
surjan datos que usted no tenía previstos o no desea que sean conocidos por el
Tribunal. Antes de llamar a un psicólogo/a forense le rogamos tenga esto en
cuenta.
Típicamente suele decirse que sin cuerpo no hay delito. Desde la criminología más clásica y fría, suele hablarse de la pareja criminal, entendiendo por ésta, la unión de dos personas entrelazadas por un mismo hecho delictivo con dos puntos de vista: la víctima y el delincuente. A continuación, se analizan algunos de los factores implicados en los casos de Abusos Sexuales Infantiles (ASI).
En primer lugar, una estimación muy gruesa del fenómeno de ASI, situó las tasas en España entre el 4.2 y el 28.8 % según la fuente de información. Cuando se les pregunta a los adultos a cerca de sus vidas, hasta un 19 % de la población adulta admite haber sufrido abuso sexual en algún momento de su vida. Esas fueron las conclusiones de un estudio llevado a cabo por López y su equipo. A primera vista, se puede pensar que es una cifra exagerada pero tal y como nos dice Kalichman (1993), sólo un 40 % por ciento de ellos se denuncian.Por su parte, de los que se denuncian según, según Ceci y Hembrooke (2001), entre 5 % y un 35 % de los casos en realidad no han sucedido. Una buena parte de éstos se producen en el ámbito de las disputas por custodia. Diversos autores parecen de acuerdo al afirmar que cuando hay custodias de por medio, el 33% (Thoennes y Tjaden, 1990) y el 36% (Green, 1986) de las de alegaciones de abuso sexual hacia al progenitor no custodio, son falsas 1(citado por Garrido y Masip, 2004).
Este inconveniente es el habitual en el contexto forense y está en dilucidar qué casos son falsos de cuáles son reales. Vayamos con aquellos datos habituales en los casos de ASI reales.
Perfil de Víctima
Hay una serie de condiciones que hacen más proclive el padecimiento de ASI. En concreto, las niñas y las personas con discapacidad intelectual son dos grupos clave de riesgo. En cuanto a la edad, Almonte, Insunza y Ruiz (2002) 2 han puesto de manifiesto que de 6 a 11 años es la franja en la que se produjeron 27 de los 44 episodios de ASI estudiados: un 61.36 %. En cuanto a las consecuencias de los abusos sexuales son muy diversas, tal y como detallan varios autores 1,2,3 y merecía un artículo exclusivo.
Datos extraídos de Almonte, Insunza y Ruiz (2002) 2 .
Perfil de la Familia
El ASI dentro de la familia se da en el 65,9% de los casos, mientras que el 31.8% de ellos se da fuera de la familia2. Las familias multiparentales, aquellas en el contexto de nuevas parejas y las familias monoparentales son los contextos más habituales del ASI 3. De esta manera, en aquellas familias denominadas reconstruidas el riesgo de ASI es dos veces más alto, siendo los casos más frecuentes aquellos desarrollados por la figura del padrastro. Por su parte, un buen número de familias presenta aparente normalidad de cara al público y "los trapos sucios se lavan en casa".
En el seno familiar o cuando el abusador es conocido, es frecuente que aparezca “la ley del silencio” que no es más que un mecanismo para encubrir el abuso. Para mantener esta ley del silencio es habitual el empleo de amenazas (p, ej: “Si lo cuentas mato a tu madre y tú y yo nos vamos a la cárcel”) y chantajes. Así mismo, es habitual encontrar una anulación de esa gran figura que es la madre. Con frecuencia esta figura está bajo el control del agresor que usa tácticas de maltrato. Otra manera de anulación es aquella ocurre cuando la madre padece problemas emocionales o bien está expuesta a cargas de trabajo excesivas fuera de casa. El caso es que el abusador disponga de tiempo.
Podríamos pensar que los abusos sexuales ocurren en lugares tan fríos como las personas que los prepetran pero la realidad es que la mayoría tienen lugar en las cocinas, los salones y los cuartos de cálidos hogares. Concretamente, el 96,7% de los casos de abusos ocurrió en un sitio familiar para el menor (casa del abusado, en casa del abusador o colegio, mayoritariamente2).
Perfil de Abusador
Según Trabazo y Azor (2009), de manera genérica, los pedófilos son mayoritariamente varones, de manera que tan sólo un 13 % son mujeres y un 87% hombres. Un 20% de los abusadores son adolescentes, si bien el grueso de edad tiene de 30 a 50 años , habitualmente están casados y son allegados (profesores, vecinos, etc.) de la víctima y su apariencia es normal, con estilo convencional e inteligencia media.
Hay autores como Becerra (2013) que han indicado que este tipo de delincuentes padece más Trastornos de Personalidad, en concreto del grupo C (ansiosos o temerosos): Evitativos, Dependientes y Obsesivo-Compulsivos, problemas de apego en la infancia y en la adultez y mayor frecuencia de trastornos afectivos y de consumo de sustancias. De manera más llana, Perrone y Martínez (2007) indican dos perfiles, los cuales denominaremos el infantilizado y el dominante.
El abusador sexual infantilizado idealiza la figura de la víctima como pura e ideal. Por su parte, es un individuo dulce, inocente, inmaduro y bien integrado dentro de la familia 3. Tal y como nos índice Villanueva: “A la hora de definir la relación, se muestra sumiso, acepta el predomino de su mujer, y puede inspirar ternura, simpatía, lástima y deseo de protección. En este caso, la unión abusador-víctima se caracteriza por un estrecho repertorio de intercambios focalizados en la ternura y la búsqueda de gratificaciones bipersonales”.
Por su parte, el abusador dominante tiene rasgos más antisociales y suele despreciar el entorno social y son frecuentes las conductas de sometimiento mediante violencia física y/o psicológica 3. Habitualmente su comportamiento es más osado y temerario, y con frecuencia las amenazas están más presentes.
Sería complicado cerrar este capítulo sin mencionar dos circunstancias dramáticas para el sistema jurídico. La primera es la de los casos que se cierran por falta de pruebas, y es que un 39% de los abusos no deja secuelas físicas 1. En estos casos, la pericial psicológica es una opción especialmente adecuada. La otra circunstancia dramática es el estigma que representa ser acusado falsamente de un delito de semejante calibre. Por otro lado, es importante recordar que en la noche más oscura es cuando más brillan las estrellas. Por ello, resulta conmovedor ver cómo hay auténticos gigantes menores de edad capaces de denunciar a abusadores sexuales y derrumbar sus tiranías. Por estas titanas y titanes henchidos de valentía hay que recordar que el sistema jurídico-asistencial debe ser lo más cálido y menos invasivo posible. Porque ya es bastante difícil vivirlo como para tener que revivirlo varias y que además de ser víctima de un delito, existe una victimización secundaria y una victimización terciaria.
Referencias:
1 Garrido, E. y Masip, J. (2004). La Evaluación del Abuso Sexual Infantil. Ponencia presentada en el I Congreso de Psicología Jurídica y Forense en Red.
2Almonte, C. , Insunza, C. y Ruizv, C. (2002). Abuso sexual en niños y adolescentes de ambos sexos. Chil. neuro-psiquiatr. v.40 n.1 .
3Villanueva, I. (2013). El abuso sexual infantil: Perfil del abusador, la familia, el niño víctima y consecuencias psíquicas del abuso. En Psicogente, 16(30), 451-470