martes, 20 de diciembre de 2016

Valoración de la credibilidad del testimonio (CBCA) probada en adultos




Corría el año 1950 cuando el psicólogo Udo Undeutsch  comenzó a trabajar en una un método para valorar la realidad de la declaraciones de menores abusados sexualmente. Una de sus primeros descubrimientos fue que en los relatos imaginados y los reales,  había diferencias en la cantidad y contenido. De esta manera, comenzó el primer viaje del SVA (Statement Validity Assessmen)  y del CBCA, abriéndose el camino para un método científico de valoración de la credibilidad..  A día de hoy, el SVA/CBCA se compone de tres pasos 1: 1) Una entrevista con el evaluado/a (y transcripción de la entrevista grabada en video). 2) Revisión en el listado de 19 criterios básicos y 3) Comprobar la Lista de Validez del SVA. Ahora bien, antes de llevar a cabo un procedimiento como éste es imprescindible haber recibido formación a cargo de profesionales que ya hayan demostrado su eficacia.

Con frecuencia, todavía hay profesionales que consideran que el SVA/CBCA tan sólo puede ser usado con garantías en menores inmersos en problemáticas de abusos sexuales. Sí es cierto que hace más de diez  años (2005) aun se tenía la concepción de que 1 “la aplicación del CBCA ha intentado generalizarse a adultos. Sin embargo las investigaciones no son tan abundantes como lo son en el caso de menores”. Esta afirmación no pasó desapercibida para la comunidad científica y ése mismo año, dos autores (Arce y Fariña, 2005) 2 decidieron unir la técnica SVA/CBCA junto con métodos para generar más información (Entrevista Cognitiva Mejorada), así como una medida de las consecuencias psicológicas del hecho delictivo (Entrevista Clínico-Forense y test). Y así, nació el Sistema de Evaluación Global (Arce y Fariña, 2005) 2 , un procedimiento de psicología forense aplicable a múltiples contextos. Ahora bien, no es hasta aproximadamente el año 2010 3 cuando se prueba este SEG a los casos de violencia de género. Con tal suerte que, ese mismo año, Vilariño  recoge en su trabajo, una serie de criterios de realidad, (adicionales a los 19 del CBCA), específicos de violencia de género (véase página 189 4) descubiertos por los propios Arce y Fariña. Más recientemente estos autores y autoras (Amado, Arce, Fariña y Vilariño, 2016) 5 han decidido estudiar si efectivamente la técnica  CBCA y  la Hipótesis Undeutsch es aplicable a adultos, para ello han tomado por base 39 estudios y, tras un análisis estadístico (metanálisis) en los que se empleaban testimonios de víctimas y agresores, han concluído que los resultados confirman la hipótesis de Undeutsch y validan el CBCA como técnica. Ahora bien, también han descubierto , entre otras cuestiones,  que no todos los criterios discriminan igual de bien entre memorias reales y autogeneradas (imaginadas) .


Referencias bibliográficas:


lunes, 22 de agosto de 2016

¿Cómo generar falsas memorias usando experimentos de Psicología?


Una manera sencilla de definir la memoria podría ser aquella capacidad del cerebro para almacenar,  recuperar y dar sentido a la información disponible. Este último punto de dar sentido es tan importante como la capacidad misma de almacenar y recuperar. Tal y  como menciona la investigadora Elisabeth Loftus “muchas personas piensan que la memoria es un dispositivo de grabación” pero lo cierto más que grabar, crea los recuerdos a partir de la información que hay, y con mucha frecuencia rellena los huecos con lo que pensamos que ocurrió.

Existen un buen número de teorías y modelos que pretenden reflejar cómo funciona la memoria. Para comprender el fenómeno de las falsas memorias vamos a explicar algunos conceptos básicos de manera simplificada.

En primer lugar tenemos dos memorias sensoriales que procesan información visual (memoria icónica) e información auditiva (memoria ecoica). Si usted fija la mirada en un punto y cierra los ojos,  verá que queda en la oscuridad una imagen de lo que ha visto, desvaneciéndose poco a poco. Esto se llama icón y tiene también su equivalente auditivo. Un ejemplo típico es cuando termina una conversación con una persona y aun hay palabras resonando en nuestra memoria de lo último que se dijo. Además de estas dos memorias sensoriales tenemos la memoria a corto plazo (MCP) que es el almacén responsable de registrar lo que vemos y oímos para almacenarlo brevemente. Además,  la memoria a corto plazo, también se encarga de gestionar la información perciba y recuperar parte de la almacenada, por ello también es llamada Memoria Operativa (MO). La capacidad de esta memoria a corto plazo es limitada y corresponde a una media de 7 unidades de memoria (también llamadas chunks; Miller, 1956). Y para terminar, está la memoria a largo plazo (MLP) que es la que más corresponde con la idea de memoria tal cual la entendemos y cuya capacidad de almacenamiento parece ilimitada.


Los primeros en tratar este tema de las falsas memorias, fueron entre otras investigadoras, Loftus y Palmer (1974). Diseñaron un experimento en el cual un grupo de personas veía un accidente de tráfico. Tras el vídeo, las experimentadoras les pidieron a los participantes que estimaran la velocidad del vehículo. Y aquí está el truco, cuando los experimentadores preguntaban “¿A qué velocidad un vehículo contactó (contacted) con el otro?” los participantes dijeron, de media, 31.8 millas por hora. Cuando las experimentadoras preguntaban “¿A qué velocidad un vehículo chocó o hizo pedazos (smashed) al el otro?” la estimación era de 40.8 millas por hora.  Una de estas autoras, Elisabeth Loftus (1975), decidió ir realizar otro experimento e ir un poco más allá.  Tras exponerles a los participantes la película de un accidente de tráfico les preguntó:  “¿cómo de rápido iba el deportivo blanco cuando pasó el granjero mientras circulaba por la carretera local?”. Un 17% dijo ver un granjero que nunca existió. Habrá de mencionar el detalle que cuando uno participa en este tipo de experimentos suele estar bastante alerta para hacerlo lo mejor posible. Por otro lado, estas situaciones artificiales están lejos de ser fieles a lo que ocurre en la vida cotidiana (p.ej: presenciar un accidente de vehículo real).

Continuando con la manipulación experimental de recuerdos tenemos, dentro de los clásicos,  el estudio de Brown, Deffenbacher y Sturgill (1977). En un estudio sobre identificación de culpables, estos experimentadores le pidieron a los participantes (testigos) que reconocieran a un culpable en una rueda de reconocimiento. Generalmente, para que el reconocimiento sea válido la persona de ha estar "completamente segura". Lo que ocurrió fue que si el participante (testigo) había visto previamente una foto de una persona (cebo) que estaba en la rueda de reconocimiento, el 20% lo identificaron como culpable. Desde luego, la foto del cebo que habían visto los  participantes (testigos) no tenía relación con el delito observado. Dentro de las posibles causas de esta falsa identificación está que los testigos al reconocer la cara del cebo, tienen una sensación de haberlo visto con anterioridad. La lógica nos dice que como está en la rueda, intuitivamente debería ser el culpable, de lo contrario ni estaría en la rueda ni nos resultaría familiar su cara. De esta manera, más que reconocer al culpable, se deduce quién es el culpable. Una vez más, vemos  que la memoria, no sólo almacena y recupera información si no que también supone y rellena ciertas partes para darle un sentido de coherencia. A fin de cuentas sin los recuerdos de que almacenamos en la memoria seríamos personas muy diferentes.

En un estudio más reciente llevado a cabo por autores españoles (Manzanero, López, De Vicente y Ronco, 2008) se probó cómo influye poner un cebo (inocente) en las ruedas de reconocimiento. Cuando los testigos veían a la misma persona (cebo) en dos ruedas diferentes se producía un efecto curioso. Cuando el cebo estaba en dos ruedas, en la segunda rueda, el 19.2 % de las personas identificaba al cebo como el culpable aunque el autor real de los hechos estuviera delante. Por su parte, cuando el cebo era visto en la primera rueda de reconocimiento, tan sólo el 3.7 % de las personas lo identificó como culpable.

Tal y como se ha visto en algunos de estos ejemplos, la manipulación de la información puede alterar la memoria, de tal manera que Manzanero (2015) menciona las siguientes circunstancias que pueden generar falsas memorias:

*Información Postsuceso (conversaciones, visionado de vídeos, etc.)
*Simple imaginación.
*Recuperaciones múltiples (p.ej: recordarlo un buen número de veces)
*Distintos tipos de terapias (p.ej: imaginación guiada o hipnosis)
*Formato de las preguntas (manera de preguntar).

Respecto a este último punto es preciso tener muy en cuenta que las preguntas que se hagan sobre un suceso pueden alterar las respuestas y hacernos ver granjeros que no existen. En el siguiente vídeo, podemos ver a Elisabeth Loftus relatando algunos de sus hallazgos.




Referencias: Manzanero, A., L. y Álvarez, M.,A. (2015). La memoria humana. Aportaciones desde la neurociencia cognitiva. Ed. Pirámide.



sábado, 4 de junio de 2016

HCR-20 Una valoración actuarial del riesgo de comportamientos violentos



Entenderemos por comportamiento violento, aquel “conjunto de estrategias por medio del cual los individuos, a veces en solitario, a veces en grupo, tratan de imponer su voluntad de poder y dominio sobre otros, usando tácticas comportamentales que producen daño o malestar en las victimas” (Hilterman y Andrés Pueyo, 2005).  Existen un buen número de instrumentos para valorar la probabilidad de que una persona emita conductas violentas. Para la valoración de conductas de violencia contra la pareja, podemos recurrir a la entrevista S.A.R.A. , entre otras; si lo que queremos es valorar el riesgo de ejercer violencia sexual, puede usarse el SVR-20; cuando hay presencia de psicopatía podemos emplear el PCL-R y cuando pretendemos valorar el riesgo de comportamientos violentos uno de los instrumentos de elección puede ser el HCR-20: Guía para valoración del riesgo de comportamientos violentos.  El presente artículo pretende ofrecer una muestra detallada  y resumida de instrumento. En ningún caso este artículo podrá sustituir el manual  original publicado por la Universitat de Barcelona ya que en él figuran numerosas cuestiones a tener en cuenta en una valoración de riesgo.


En sus inicios, en HCR-20 fue desarrollado por la Comisión de Servicios Forense-Psiquiátricos del British Columbia (Canadá)  y actualmente comprende 20 ítems  que están relacionados con factores actuariales (análisis estadísticos de datos acumulados) y clínicos, todos ellos con una probabilidad relacionada con los comportamientos violentos. La codificación de cada uno de los veinte ítems es muy similar al de otros instrumentos de valoración del riesgo como la SARA o el Sexual Violent Risk 20 (SVR 20):

0.-No. El ítem está claramente ausente o no se puede aplicar.
1.- Quizá. El ítem está presente con probabilidad, o con una intensidad limitada.
2.- Sí. El ítem está claramente presente.
Omitir-.No se sabe. La información es suficientemente válida para tomar la decisión acerca de la presencia o ausencia del ítem.

Los primeros ítems a valorar corresponden a los Ítems Históricos (Pasado del Evaluado):

H1. Violencia previa. Los actos de violencia moderada incluirían “abofetear, empujar y otras conductas que no causen lesiones serias o permanentes”. Los actos de violencia grave englobarían aquellas conductas que causen “muerte o lesiones muy severas”.

H2. Edad de comienzo. Cuanto más temprano sea el primer acto violento conocido (que no el primer delito identificado) mayor puntuación se le otorgará.

H3. Relaciones inestables de pareja. Dentro de inestabilidad se entiende “muchas relaciones no duraderas, ausencia de relaciones, o presencia de conflictos en las relaciones duraderas”.

H4. Problemas relacionados con el empleo. Este ítem evalúa los problemas del sujeto con el empleo y  no la capacidad para encontrar un trabajo.

H5. Problemas con el abuso de sustancias adictivas. A mayor es la conducta adictiva mayor es la puntuación que se ha de otorgar.

H6. Trastorno mental grave. Análogamente al caso anterior, cuanto más grave sea la patología mental, mayor será la puntuación que se ha de otorgar.

H7. Psicopatía. Para evaluar este ítem es preciso conocer la puntuación del PCL-R o el PCL:SV (versión del PCL con muestra psiquiátrico-civil).

H8. Desajuste infantil. Cuanto más desajustado haya sido el comportamiento infantil y en mayores contextos se haya presentado (p. ej. casa y/o escuela), mayor puntuación recibirá este ítem.

H9. Trastorno depersonalidad. La puntuación viene de la mano de probabilidad de existencia de alguno de los trastornos de personalidad recogidos bien en el DSM o en la CIE.

H10. Incumplimiento de la supervisión. Este factor valora cuestiones que van desde escapar de un centro penitenciario, hasta reincidencia delictiva durante el periodo de libertad condicional pasando por  causar un altercado o volver tarde cuando se la ha concedido permiso.

A continuación figuran los Ítems Clínicos (Presente del evaluado):

C1. Carencia de introspección. Este ítem se relaciona con la consciencia y comprensión que la persona tiene de su problema con la ira  y la violencia.

C2. Actitudes negativas. Este se  ítem pone de manifiesto valorando el grado de antisocialidad de las actitudes del evaluado, con frecuencia está relacionado con los grupos u organizaciones sociales a los que los evaluados pertenecen y que contribuyen a perpetuar actitudes criminógenas.

C3. Presencia activa de síntomas de trastorno mental grave.  Evalúa la existencia de síntomas psicóticos que invalidan/anulan el autocontrol así como aquellos que amenazan la seguridad de la persona.

C4. Impulsividad. A mayor impulsividad mayor puntuación.

C5. No respuesta al tratamiento. Evalúa la persistencia de las conductas violentas a pesar el de los  tratamientos recibidos. Una peor respuesta al tratamiento es igual a una mayor probabilidad de desarrollar conductas violentas.

En el siguiente punto figuran los Ítems de Afrontamiento del riesgo (Futuro del evaluado):

R1. Ausencia de planes de futuro viables. Este ítem pone de manifiesto que cuantos menos planes de futro tiene la persona y cuanto menos realistas sean, mayor será la probabilidad de volver a desarrollar conductas violentas.

R2. Exposición a factores desestabilizantes. Cada persona expresa la violencia bajo una serie de circunstancias (p. ej: Agresiones ante exposición a drogas, ante rechazo de personas del circulo social del evaluado o  exposición a situaciones frustrantes entre otros). A mayor presencia de factores de inestabilidad mayor será la puntuación en este ítem.

R3. Carencia de apoyo social. Un grupo social (p. ej. familia) puede dar seguridad al evaluado, reduciendo la sensación de amenaza que generalmente sienten las personas con comportamientos violentos. A mayor carencia de apoyo social, mayor puntuación en este ítem.

R4. Incumplimiento a los tratamientos prescritos. El incumplimiento y la escasa adhesión a los tratamientos afectan a la comisión de conductas violentas y favorece la inestabilidad.

R5. Alto nivel de estrés experimentado. Afrontar el estrés con poca eficacia incrementa la probabilidad de emitir conductas violentas. A mayor probabilidad de mal control del estrés, mayor habrá de ser la puntuación en este ítem.


Y es al final del manual, donde  tenemos a disposición una práctica ficha en la que se recogen los resultados de este instrumento tan expandido por el ámbito forense y penitenciario, ya que como se ha visto, para obtener la puntuación de cada ítem con garantías es necesario consultar un buen número de fuentes de información. 

lunes, 4 de abril de 2016

Tipos de psicólogos/as forenses en derecho penal

La palabra forense viene del latín forum que no es otra cosa que mercado, plaza o espacio público en que el que tiene lugar la vida de los y las ciudadanas griegas y romanas. Era en el forum donde tenían lugar los juicios, por eso, con frecuencia se cita el apelativo de jurídico-forense para nombrar aquellos profesionales que esclarecen circunstancias de los delitos y las denuncias.

Para comprender la labor de la psicología forense en las Salas de lo Penal es preciso entender un poco cómo funciona un tribunal. La ley surgió para traer paz a los miembros de la sociedad, por tanto, el funcionamiento de las salas de justicia es similar al de cualquier otro conflicto. De manera muy simple podríamos decir que hay alguien que ataca (acusa). Hay alguien que defiende (defiende de las acusaciones) y otro alguien que decide quién es el vencedor (árbitro, que por analogía sería juez). De manera más fiel, en un Juicio (o Vista Oral) podremos encontrar los siguientes miembros:

-Magistratura (Juezes/as): Parte imparcial, toma en cuenta todas las pruebas y aplica el código en base a ellas (en derecho inquisitorial como ocurre en España).

-Fiscalía (ACUSA): Es esa persona que  el Estado pone al servicio del denunciante o la víctima y que lo representa.  

-Abogacía de la Defensa (DEFIENDE): En la mayor parte de códigos legales del mundo está recogido que todos tenemos derecho a un juicio justo. Independientemente de lo que leve o escabroso de un delito, esta persona se encargará que defender los derechos y la versión del acusado.

-Abogacía de la Acusación (ACUSA): Además de la Fiscalía, de manera particular, el denunciante, perjudicado  o víctima puede tener una representación en la sala de justicia.


Como es lógico cada uno tiene su lugar en la sala de justicia, y suele ser fijo e inamovible. Los jueces está al fondo de la sala y el público es el más cercano a la entrada. Si alguna vez ha estado en una sala de justicia verá que la colocación es la siguiente: 


De esta manera, en las salas de justica los psicólogos forenses pueden ser de dos tipos:

1.- Psicólogo/a Forense de Oficio. Cuando el profesional es llamado por la Magistratura  o la Fiscalía (p. ej. Fiscalía de Menores) se llama de Oficio y depende de los Juzgados. Habitualmente trabajan dentro de los Institutos de Medicina Legal (IML) o bien en gabinetes con convenio con el IML.

2.-Psícologo/a Forense de Parte. Cuando el denunciante (perjudicado o víctima) o el denunciado (acusado) es quien llaman al Psicólogo/o Forense se denomina de Parte.

Existen ciertos prejuicios a cerca de cada uno de ellos pero lo cierto es que tanto Psicólogos Forenses de Oficio como de Parte realizan el mismo juramento (o promesa) a decir la verdad y están sujetos a las mismas sanciones penales ante el incumplimiento del mismo.  

Por tanto, a excepción del público, cualquiera de las partes (Magistratura, Fiscalía, Defensa y Acusación) puede aportar pruebas psicológico-forenses que permitan esclarecer los hechos. De manera gráfica podría resumirse así:
Ya por último mencionar que los psicólogos/as forenses de Parte son privados mientras que los de Oficio son públicos. Más allá de quien los contrate, la labor de los abogados es representar los intereses de sus clientes, mientras que la labor de los peritos es la de representar la verdad. Si usted desea alguien que defienda exclusivamente su verdad no le extrañe que a lo largo del proceso de evaluación surjan datos que usted no tenía previstos o no desea que sean conocidos por el Tribunal. Antes de llamar a un psicólogo/a forense le rogamos tenga esto en cuenta. 

jueves, 7 de enero de 2016

Abuso sexual infantil en el hogar: Perfil de víctimas, delincuentes y contextos

Típicamente suele decirse que sin cuerpo no hay delito. Desde la criminología más clásica y fría, suele hablarse de la pareja criminal, entendiendo por ésta, la unión de dos personas entrelazadas por un mismo hecho delictivo con dos puntos de vista: la víctima y el delincuente. A continuación, se analizan  algunos de los factores implicados en los casos de  Abusos Sexuales Infantiles (ASI).

En primer lugar, una estimación muy gruesa del fenómeno de ASI, situó las tasas en España entre el 4.2 y el 28.8 % según la fuente de información. Cuando se les pregunta a los adultos a cerca de sus vidas, hasta un 19 % de la población adulta admite haber sufrido abuso sexual en algún momento de su vida. Esas fueron las conclusiones de un estudio llevado a cabo por López y su equipo. A primera vista, se puede pensar que es una cifra exagerada pero  tal y como nos dice Kalichman (1993), sólo un 40 % por ciento de ellos se denuncian.Por su parte, de los que se denuncian según, según Ceci y Hembrooke (2001), entre  5 % y un 35 % de los casos en realidad no han sucedido. Una buena parte de éstos se producen en el ámbito de las disputas por custodia. Diversos autores parecen de acuerdo al afirmar  que  cuando hay custodias de por medio, el  33% (Thoennes y Tjaden, 1990) y el 36% (Green, 1986)  de las de alegaciones de abuso sexual hacia al progenitor no custodio, son falsas 1 (citado por Garrido y Masip, 2004).






Este inconveniente es el habitual en el contexto forense y está en dilucidar qué casos son falsos de cuáles son reales. Vayamos con aquellos datos habituales en los casos de ASI reales.


Perfil de Víctima
Hay una serie de condiciones que hacen más proclive el padecimiento de ASI. En concreto, las niñas y las personas con discapacidad intelectual son dos grupos clave de riesgo.  En cuanto a la edad, Almonte, Insunza y Ruiz (2002) han puesto de manifiesto que de 6 a 11 años es la franja en la que se produjeron 27 de los 44 episodios de ASI estudiados: un 61.36 %. En cuanto a las consecuencias de los abusos sexuales son muy diversas,  tal y como detallan varios autores 1,2,3   y merecía un artículo exclusivo.

  

Datos extraídos de  Almonte, Insunza y Ruiz (2002) 2 .



Perfil de la Familia
El  ASI dentro de la familia se da en el 65,9% de los casos, mientras que el 31.8% de ellos se da fuera de la familia2. Las familias multiparentales, aquellas en el contexto de nuevas parejas y las familias monoparentales son los contextos más habituales del ASI 3. De esta manera, en aquellas familias denominadas reconstruidas el riesgo de ASI es dos veces más alto, siendo los casos más frecuentes aquellos desarrollados por la figura del padrastro. Por su parte, un buen número de familias presenta aparente normalidad de cara al público y "los trapos sucios se lavan en casa".
En el seno familiar o cuando el abusador es conocido, es frecuente que  aparezca “la ley del silencio” que no es más que un mecanismo para encubrir el abuso. Para mantener esta ley del silencio es habitual el empleo de amenazas (p, ej: “Si lo cuentas mato a tu madre y  tú y yo nos vamos a la cárcel”) y chantajes. Así mismo, es habitual encontrar una anulación de esa gran figura que es la madre. Con frecuencia esta figura está bajo el control del agresor que usa tácticas de maltrato. Otra manera de anulación es aquella ocurre cuando la madre padece  problemas emocionales o bien está expuesta a cargas de trabajo excesivas fuera de casa. El caso es que el abusador disponga de tiempo.

Podríamos pensar que los abusos sexuales ocurren en lugares tan fríos como las personas que los prepetran pero la realidad es que la mayoría tienen lugar en las  cocinas, los salones y los cuartos de cálidos hogares. Concretamente, el 96,7% de los casos de abusos ocurrió en un sitio familiar para el menor (casa del abusado, en casa del abusador o colegio, mayoritariamente2).

Perfil de Abusador

Según Trabazo  y Azor (2009),  de manera genérica, los pedófilos son mayoritariamente varones, de manera que tan sólo un 13 % son mujeres y un 87% hombres. Un 20% de los abusadores son adolescentes, si bien el grueso de edad tiene de 30 a 50 años , habitualmente están casados y son allegados (profesores, vecinos, etc.) de la víctima y su apariencia es normal, con estilo convencional e inteligencia media.

Hay autores como Becerra (2013) que han indicado  que  este tipo de delincuentes padece más Trastornos de Personalidad, en concreto del grupo C (ansiosos o temerosos): Evitativos, Dependientes y Obsesivo-Compulsivos, problemas de apego en la infancia y en la adultez  y mayor frecuencia de  trastornos afectivos y de consumo de sustancias.  De manera más llana, Perrone y Martínez (2007) indican dos perfiles, los cuales denominaremos el infantilizado y el dominante.

El abusador sexual infantilizado idealiza la figura de la víctima como pura e ideal. Por su parte, es un individuo dulce, inocente, inmaduro y bien integrado dentro de la familia 3. Tal y como nos índice Villanueva: “A la hora de definir la relación, se muestra sumiso, acepta el predomino de su mujer, y puede inspirar ternura, simpatía, lástima y deseo de protección. En este caso, la unión abusador-víctima se caracteriza por un estrecho repertorio de intercambios focalizados en la ternura y la búsqueda de gratificaciones bipersonales”.



Por su parte, el abusador dominante tiene rasgos más  antisociales y suele despreciar el entorno social y son frecuentes las conductas de sometimiento mediante violencia física y/o psicológica 3. Habitualmente su comportamiento es más osado y temerario, y con frecuencia las amenazas están más presentes. 



Sería complicado cerrar este capítulo sin mencionar dos circunstancias dramáticas para el sistema jurídico. La primera es la de los casos que se cierran por falta de pruebas, y es que un 39% de los abusos no deja secuelas físicas 1 . En estos casos, la pericial psicológica es una opción especialmente adecuada. La otra circunstancia dramática es el estigma que representa ser acusado falsamente de un delito de semejante calibre.  Por otro lado, es importante recordar que en la noche más oscura es cuando más brillan las estrellas. Por ello, resulta conmovedor  ver cómo hay auténticos gigantes menores de edad capaces de denunciar a abusadores sexuales y derrumbar sus tiranías. Por estas titanas y titanes henchidos de  valentía hay que recordar que el sistema jurídico-asistencial debe ser lo más cálido y menos invasivo posible. Porque ya es bastante difícil vivirlo como para tener que revivirlo varias y que además de ser víctima de un delito, existe una victimización secundaria y  una victimización terciaria


 Referencias:

Garrido, E. y Masip, J. (2004). La Evaluación del Abuso Sexual Infantil. Ponencia presentada en el I Congreso de Psicología Jurídica y Forense en Red.
2 Almonte, C. , Insunza, C. y  Ruizv, C.  (2002).  Abuso sexual en niños y adolescentes de ambos sexos.  Chil. neuro-psiquiatr. v.40 n.1 .
3 Villanueva, I. (2013). El abuso sexual infantil: Perfil del abusador, la familia, el niño víctima y consecuencias psíquicas del abuso. En Psicogente, 16(30), 451-470


lunes, 31 de agosto de 2015

Qué hacer cuando tu pasado te persigue



 “Hay un pasado que se fue para siempre pero hay un futuro que todavía es nuestro”.
   Frederick William Robertson


El pasado es ese punto de nuestra historia que vuelve en cualquier momento para recordarnos quién fuimos ayer y quienes somos hoy. Y es que, independiente de que esos momentos fueran buenos o malos, ya pasaron. Con todo, el pasado sigue ahí y nos acompaña cada día allá donde vamos. Pero, ¿qué ocurre cuando nuestro pasado nos atormenta, ensombreciendo el sol del presente?  Pues que se puede llegar a pasar entre regular y muy mal. Y lo cierto es que todos tenemos derecho a sentirnos bien(OMS,2013). Aunque bienestar y felicidad no son lo mismo, sí parece que tenemos derecho a,  cuanto menos, unas migajas sustanciosas de felicidad. Esto es coherente con lo que nos dice la Dra. Francine Shapiro. al afirmar que. "sólo porque lo sientas no tiene por qué ser verdad". 



El enfoque EMDR ( Eye Movement Desensitization and Reprocessing o Desensibilización y Reprocesamiento por los Movimientos Oculares) asume que cuando los recuerdos nos afectan en el presente es porque nuestro cerebro no tuvo la oportunidad para poder integrarlos con éxito. De esta manera, el cerebro intenta superar estos recuerdos (o síntomas), traiéndolos al presente una y otra vez con el fin de que nos acostumbremos a ellos. Por tanto, el enfoque EMDR asume que la ansiedad, los miedos, las obsesiones y otros problemas nacen de experiencias pasadas no resueltas.


Ahora bien, unas de las limitaciones actuales del EMDR es que está indicado sobretodo para el Trastorno de Estrés Postraumático, reduciendo entre 77 y el 100% de la secuelas psicológicas derivadas de los traumas. Cierto es que hay resultados prometedores para la Depresión Bipolar. Pero también es cierto que para problemas como la depresión, puede ayudar a superar e integrar experiencias traumáticas, aunque lo hará como complemento a otras terapias psicológicas de eficacia conocida, las cuales es preciso que el profesional domine. La utilidad como complemento para la depresión, viene de la mano de que la depresión, con frecuencia, surge a raíz de algo (fallecimiento de alguien importante, ruptura amorosa, despido, etc.). El EMDR ayudará a reducir las emociones sobre los disparadores de los pensamientos depresivos y gracias a otras técnicas permite a la persona avanzar hacia delante.


Pero, ¿cómo  se superan los traumas usando EMDR? Pues mediante el Procesamiento Adaptativo de la Información (PAI), que es una capacidad del cerebro para procesar recuerdos. Imagínese que su mente es una red y que las malas experiencias que le azoran son hilos sueltos de esa red. El EMDR “reconecta” estas experiencias sueltas dentro de la red gracias a la capacidad natural del cerebro para reconectar redes, la cual llamamos PAI. 
Si por casualidad le viene a la mente el anuncio de algún champú reparador de puntas, también sería un buen ejemplo de cómo actúa el EMDR. Por tanto, es el PAI el que permite dar sentido y utilidad a las malas experiencias (o síntomas), haciendo adaptativo lo que es desaptativo. En otras palabras, permite que el cerebro asimile lo malo para que de ello se pueda sacar una experiencia productiva.


¿Y todo esto se hace sólo hablando de los traumas? Si bien es cierto que la escucha es  una parte importante del proceso, va más allá de hablar y escuchar. La herramienta principal es la activación de los dos hemisferios. Si usted toca su pierna derecha, su hemisferio izquierdo es el que se activa y viceversa. El EMDR usa los Movimientos Oculares (M.O.) como principal método de activación de ambos hemisferios. Como supondrá, existen otros métodos de estimular ambos hemisferios.  Muy resumidamente el proceso terapéutico es el siguiente:  en la fase 1 es donde la escucha y la comprensión tienen una importancia capital ya que de ella depende los traumas que se van reprocesar. Estos traumas son el objetivo del EMDR,  por ello se llama targets (objetivos en inglés). Básicamente hay dos tipos de targets. Las primeras "T" representan amenazas contra la vida o la integridad física de las personas. El segundo tipo son las "t", y representan momentos en los que una persona se sintió abandonada o  con carencias afectivas (f el abandono en la infancia solía ser sinónimo de muerte).  

En la fase 2 se prepara al paciente y se le dota de los recursos psicológicos necesarios. Se establece lo que se denomina "Un lugar seguro".En la fase 3 se mide el grado de perturbación del las "T" o las "t". Ya en la fase 4, podríamos decir que es donde más se aplican los Movimientos Oculares (MO). En las fases 5, 6, 7 y 8 es donde nos aseguramos que el reprocesamiento de la experiencia se ha producido correctamente, lo afianzamos y preparamos a la persona para el futuro. Entonces el proceso llega a su fin.  A lo largo se ha trabajado con  los elementos que componen los targets o recuerdos a procesar (Imagen, Cogniciones, Emociones, Sensaciones Físicas) así como las creencias negativas que nos pesan. Más allá de la sensaciones subjetivas, estamos ante una herramienta psicoterapéutica que, tal y cómo  comenta Pagani (2012), produce cambios neurológicos en el área límbica (lugar implicado en el almacenamiento y recuperación de la memoria, entre otras funciones) así como a regiones asociativas.


Esquema gráfico del área Límbica y descripción de algunas de sus funciones.


Además de estos cambios neurológicos, es importante aclarar que a lo largo del proceso de EMDR, hay buenos y malos momentos. Dentro de los buenos están las sensaciones de reconciliación, de tranquilidad, de seguridad o de volver a sentir cariño por un padre. Dentro de los malos están la tristeza, la soledad, la rabia y la culpa que llevamos en nuestro interior día a día y que guardamos en el cajón del falso olvido. Es lógico pensar que cuando aparecen recuerdos que llevan mucho tiempo ahí abajo, uno se encuentra con sensaciones paradógicas, con emociones intensas y con reacciones curiosas. Pero así es cómo un pasado oscuro puede dar a luz a un  futuro prometedor. 

miércoles, 20 de mayo de 2015

Tipos de entrevista en psicología forense

Una vez un funcionario de justicia con más de cuarenta años al servicio del Estado español, me dijo: “así quieras la respuesta, así has de formular la pregunta”. Y desde luego, existen sobrados argumentos científicos que ponen de manifiesto que la manera de preguntar afecta a la manera de responder. En el caso de los y las testigos, la manera de realizar las entrevistas determinará, entre otras cosas,  la cantidad y la calidad de información que de ellos se puede extraer. De manera clásica, jueces, policías y abogados se sirven dos instrumentos básicos:

-          Entrevista Narrativa.  El método busca que el sujeto relate o narre libremente los acontecimientos tal cual los vivió. De manera que, el testigo se limita a dar su versión recordando los detalles que acuden a su mente. Ejemplo: “¿qué fue lo que pasó?”


-          Entrevista Interrogativa. Este método consiste en hacer preguntas concretas sobre los hechos, de manera que el testigo va siguiendo sus recuerdos guiados por el entrevistador. Ejemplo: En el momento de los hechos, ¿usted estaba en el salón o la cocina?


Tal y como cita el Dr. Ramón Arce de la Unidad de Santiago de Compostela y su equipo, fue Alonso-Quecuty (1993) la que propuso la utilización conjunta de la entrevista narrativa  y la interrogativa como solución a este problema. Obviamente, el orden de utilización es sumamente importante. Primero ha de utilizarse la entrevista narrativa y posteriormente la interrogativa. Si primero se lleva a cabo la Entrevista Interrogativa y luego pasamos la Entrevista Narrativa, correremos el peligro de que los interrogadores, con sus preguntas estén contaminando detalles narraciones posteriores. Esta influencia es lo que se conoce como información postsuceso. En otras palabras, la influencia de los entrevistadores puede estar afectando algunos detalles de los recuerdos,  importantes o no para en el proceso judicial. A tal efecto, D. Antonio L. Manzanero ha publicado un nuevo libro, dando cuenta de estos procesos de interferencia y otros fenómenos relacionados con la memoria. 

Retomando el tema anterior, la entrevista policial o estándar adolece de una serie de problemas, puestos de manifiesto por Fisher, Geiselman y Raymond (1984) identificando tres problemas fundamentales:


-Frecuentas interrupciones en las descripciones de testigos. Esto genera menos información de la que realmente hay. Le memoria no entiende de recuerdos importantes o no importantes, se limita enlazar unas cosas agrupándolas en nodos de memoria. Con frecuencia es preciso activar nodos latentes a través de la reconstrucción de contextos (véase la Entrevista Cognitiva explicada por Ibáñez Peinado, 20081). De manera que las interrupciones generan información más vaga e imprecisa ya que a los testigos no se les da  tiempo y concentración para que sus memorias activen todos los nodos a los que están conectados.

-Exceso de preguntas de respuesta corta (p .ej: ¿Estaba usted en el baño o en el salón?).Este tipo de preguntas genera en el testigo una tasa inferior de concentración a las preguntas abiertas. Además, la información obtenida se circunscribe únicamente a la solicitud formulada, de manera que se pierde información valiosa pero no solicitada.


- Secuencia inadecuada de preguntas. 

o   Predeterminado (p.ej: Cuente desde el principio): Puede contravenir la representación mental del testigo ya que la memoria no siempre va de adelante hacia atrás.
o   “De vuelta atrás”:Interrumpen el flujo argumentativo.
o   Arbitrario: Interrupciones y problemas de concentración.


Más allá de los problemas de la entrevista policial o estándar existen una serie de cuestiones a tener en cuenta cuando es un agente de policía el que realiza el interrogatorio a un detenido. Tal y como nos dice la doctora en Filología Hispánica Raquel Taranilla (2011)2, el interrogatorio es “el medio por el cual el presunto responsable de un delito manifiesta sus conocimientos a cerca de los hechos que se le imputan”. Así mismo, desde varias teorías sociales provenientes del marco del Análisis Crítico del Discurso, el interrogatorio es una actividad orientada a confirmar y legitimar las conclusiones de quien pregunta, un agente en este caso.  Más allá de la influencia de teorías sociales, desde la psicología se sabe que tanto en el interrogatorio como en cualquier otra tipo de situación, entran en juego una serie de tendencias hacia la que cae todo aquel que tiene cerebro humano. Estas tendencias reciben el nombre de heurísticos; maneras del cerebro para buscar información y respuestas rápidas. Lógicamente y como casi todo lo rápido, tiene una elevada tendencia a al error, de ahí que se llamen sesgos (cognitivos). A continuación, se exponen dos de estos errores que tienen mucha relevancia a la hora de hacer un interrogatorio y una entrevista de una sola sesión:

Sesgo de confirmación. Esta tendencia del cerebro, descrita por Peter C. Wason, no es más que la tendencia a buscar información compatible con nuestras ideas, creencias o hipótesis,  independientemente de que esa información sea objetiva o no. Por tanto, el mero hecho de pensar que una persona es culpable nos llevará a seleccionar aquella información que nos confirme la culpabilidad.En el siguiente vídeo se nos ofrece una explicación de la enorme influencia de este sesgo: 



Error fundamental de atribución (también conocido como sesgo de correspondencia). Fue descubierto por Lee Ross (1971) y ocurre a la hora de explicar un comportamiento ajeno. Este efecto consiste en la tendencia a pensar que el comportamiento  externo (p.ej: una reacción de enfado) se debe a las características internas del individuo (p.ej: es un vinagre de hombre o un amargado) antes que a variables externas al individuo (por ejemplo, que la situación resulta angustiosa o que tiene un mal día). En otras palabras, es la tendencia a pensar que los demás actúan porque son así , antes que pensar que es la situación la que les puede estar llevando a actuar de esa manera. Obviamente, este sesgo no entra en juego cuando es nuestro comportamiento el que hay que explicar. De esta manera, tendemos a pensar que si alguien se salta un semáforo es un incívico, un irrespetuoso o un descuidado. Si por el contrario somos nosotros los que nos saltamos el semáforo tenderemos a pensar que fue un descuido (ajeno a nuestra voluntad ya que estábamos preocupados o ansiosos) o que sencillamente llevábamos prisa.

Por tanto, el arte de hace preguntas y generar respuestas está lejos de ser una cuestión sencilla o banal. Por ello, es importante plantearse qué método de entrevista resulta el más adecuado a la situación. De cualquier manera,  incluso procedimientos avanzados, efectivos y especializados como la Entrevista Cognitiva Mejorada (Fisher y Geiselman, 1992)  o la Entrevista Clínico-Forense (Arce y Fariña., 2005) precisan ser complementados de otros métodos para gozar de una adecuada fiabilidad y validez. A mayores, tal y como citan varios autores, son precisos muchos años de formación en estas técnicas. De esta manera, parece ser que el único enfoque con garantías suficientes es la aproximación multimétodo. Algunos de estos complementos a la entrevista son:

-    Repetición de la declaración en dos momentos diferentes con diferencia entre ambas con al menos una semana.

-   Grabación de las entrevistas (tanto para una adecuada  y de ser el caso, metódica transcripción, como para la revisión por parte de otros agentes jurídicos: magistrados, letrados, fiscalía o peritos de parte) y aplicación de métodos de gimnasia cognitiva (técnicas facilitadoras del recuerdo).

-   Contraste de las diversas declaraciones a lo largo del proceso mediante un sistema estandarizado (p.ej: el SVA, acrónimo de  Statement Validity Assessmen).

-   Estudio psicométrico del evaluado (usando pruebas de control de la simulación/disimulación: MMPI-2, 16 PF-5, SIMS, etc.).

-   Establecimiento de la huella psíquica del delito, de ser el caso.

-   Consulta de bibliografía especializada para el contraste de hipótesis.

Por todo ello, si usted desea que se refleje de manera fiel y neutra la comisión de ciertos hechos, es muy probable que precise lo servicios de un profesional especializado. Así mismo, le recordamos que los lugares propicios para poner una denuncia son las comisarías de policía y también los juzgados de guardia. 

Antes de cerrar, deseo dedicarle este artículo a D. Ricardo Manuel Martín Ferrera, funcionario de justicia que desempeñó durante más de cuarenta años una labor encomiable dentro de los Juzgados de Instrucción, Primera Instancia, Juzgados de lo Penal y Vigilancia Penitenciaria de las Palmas de Gran Canaria.


Referencias.
1 Ibañez Peinado, 2008. La Entrevista Cognitiva: Una revisión teórica. Psicopatología Clínica Legal y Forense, Vol. 8, 2008, pp. 129-159.

2 Taranilla, Raquel (2011). Análisis Lingüístico de la transcripción del relato de los hechos policiales en el interrogatorio policial. ELUA. Estudios de Lingüística. N. 25 (2011). ISSN 0212-7636, pp. 101-134

jueves, 5 de febrero de 2015

Tipos de daño a reclamar


De manera general, se habla de dos clases de daño: el daño patrimonial y los daños extrapatrimoniales (Navarro y Segura, 2008).  Dentro del daño patrimonial, esto es,  el referido sobre las propiedades del perjudicado, se incluye el coste de las reparaciones de las propiedades (daño emergente) así como las pérdidas de ingresos producidas a raíz del evento (lucro cesante).

Más allá de los daños ocasionados sobre las propiedades del perjudicado y aquellas que pudo conseguir,  están los daños extrapatrimoniales, a saber, el daño corporal y el daño moral (dentro del cual está el daño psicológico). Pudiendo entenderse, de esta manera, que una persona no posee un cuerpo o una mente, si no que es ambas cosas.

En cuanto al daño extrapatrimonial, se considera difícil su reparación por la tasación del mismo. Y es que, si bien es fácil saber cuál es el valor de una propiedad o el dinero que se ha dejado de ganar, más complicado parece estimar cuánto vale una persona y sus respectivas partes. Al menos, si no se lleva una adecuada evaluación de la persona. De  esta manera, se ha generado una abundante doctrina y jurisprudencia (Navarro y Martín, 2008) en relación con los daños extrapatrimoniales buscando mejoras en las clarificación y cuantificación de los mismos. Con tal suerte, que el daño moral se ha definido como aquello que “no es daño emergente ni lucro cesante” (Polacco, 1915, tal como se cita en Navarro y Martín, 2008, p. 45). Esto es, aquel daño que no consiste en una pérdida económica o en una falta de ganancia.

Definición más abstracta del daño moral, aunque más reciente, es la ofrecida por el Tribunal Supremo, un glorioso 31 de mayo del año 2000 (RJ200/5089) que lo define como: “daño que recae sobre el acervo espiritual” (Navarro y Martín, 2008, p. 46). Más ampliamente,  se han dado descripciones más exhaustivas y cercanas como la dadas por Álvarez (1966), que  incluye dentro del daño moral, aquellas cuestiones no pecuniarias como son “el dolor, los sentimientos y afectos más importantes y elevados del perjudicado así como los bienes de la persona como salud, libertad, honestidad, honor, etc.” ( tal y como se cita en Navarro y Martín, 2008, p. 45). Desde el punto de vista psicológico, ésta es una definición especialmente acertada ya que nos abre el campo a clasificar aquellas áreas susceptibles de sufrir un menoscabo.

Ya de lleno en el daño moral, es pertinente ilustrar que procede de la locución latina pretium doloris  (Barrientos, 2008) o “precio del dolor”, expresión originaria del seno del derecho canónico. Una expresión similar ha sido usada por el derecho alemán  bajo el  término "Wergeld"; "rescate de la sangre" o "dinero del dolor". Por tanto, se aprecia bajo el paradigma del Derecho Comparativo, como dos culturas diferentes alcanzan la necesidad de restablecimiento de los perjuicios originados por un acontecimiento de consabidas consecuencias dolorosas.


Una cuestión muy relacionada con la reparación del daño es la de las valoraciones globales realizadas por los Órganos Jurídicos. En principio, parece existir consenso en rehuir de éstas en la línea marcada por la STS de 13 de junio de 1986 (RTC 1986/78),  por la cual se “establece la necesidad de detallar las sentencias indemnizatorias por las cuales se repara el daño así como motivar las cantidades concedidas para evitar el fenómeno de una valoración global” (Navarro y Martín, 2008, p. 49). Ahora bien, de acuerdo con el Real Decreto  8/2004, de 29 de octubre por el que se aprueba el texto refundido de la Ley sobre Responsabilidad Civil y Seguros en la Circulación de Vehículos a Motor, a lo largo  de las Tablas de indemnización una expresión bastante repetida es la de “daños morales incluidos”. Este fenómeno contradictorio es el que ocurre en las  Tablas I y III, que figuran en el Anexo del Real Decreto Legislativo 8/2004, de 29 de octubre, por el que se aprueba el Texto Refundido de la Ley sobre Responsabilidad Civil y Seguros en la Circulación de Vehículos a Motor ( LRCSCVM)  y actualizadas como corresponde anualmente en el BOE del 30 de enero de 2013, relativas respectivamente a  “Indemnizaciones básicas por muerte incluidos daños morales” e “Indemnizaciones básicas por lesiones permanentes (incluidos daños morales)”. Por tanto, al darse el término de daño moral como elemento incluido dentro del daño corporal,  la recomendación del Tribunal Supremo podría caer en saco roto a favor de una sistematización globalizadora.

Una matización obligada, tal y como se cita López y García (2012), se refiere al concepto de pretium doloris , entendiendo éste, no como daño moral en sentido estricto, si no como dolor producto del daño corporal, que si bien no puede ser reparado, sí pude ser compensado. Afirmando  que el pretium doloris, bajo esta acepción literal,  tan poco se incluiría en la Tabla III.

Sea como fuere, en España, se da una tendencia a incluir los daños morales dentro de las lesiones básicas o complementarias a menos que se constate su existencia. De manera que, por defecto, una sentencia tendrá tendencias globalizadoras. Afortunadamente, otras naciones como Reino Unido,  Bélgica, Francia  o Italia han resuelto, el problema de las valoraciones globales, unas con más elegancia y acierto que otras, máxime en el caso de Italia que separa la indemnización del daño corporal de la del daño moral, siendo la indemnización total la suma de ambas.