martes, 20 de diciembre de 2016

Valoración de la credibilidad del testimonio (CBCA) probada en adultos




Corría el año 1950 cuando el psicólogo Udo Undeutsch  comenzó a trabajar en una un método para valorar la realidad de la declaraciones de menores abusados sexualmente. Una de sus primeros descubrimientos fue que en los relatos imaginados y los reales,  había diferencias en la cantidad y contenido. De esta manera, comenzó el primer viaje del SVA (Statement Validity Assessmen)  y del CBCA, abriéndose el camino para un método científico de valoración de la credibilidad..  A día de hoy, el SVA/CBCA se compone de tres pasos 1: 1) Una entrevista con el evaluado/a (y transcripción de la entrevista grabada en video). 2) Revisión en el listado de 19 criterios básicos y 3) Comprobar la Lista de Validez del SVA. Ahora bien, antes de llevar a cabo un procedimiento como éste es imprescindible haber recibido formación a cargo de profesionales que ya hayan demostrado su eficacia.

Con frecuencia, todavía hay profesionales que consideran que el SVA/CBCA tan sólo puede ser usado con garantías en menores inmersos en problemáticas de abusos sexuales. Sí es cierto que hace más de diez  años (2005) aun se tenía la concepción de que 1 “la aplicación del CBCA ha intentado generalizarse a adultos. Sin embargo las investigaciones no son tan abundantes como lo son en el caso de menores”. Esta afirmación no pasó desapercibida para la comunidad científica y ése mismo año, dos autores (Arce y Fariña, 2005) 2 decidieron unir la técnica SVA/CBCA junto con métodos para generar más información (Entrevista Cognitiva Mejorada), así como una medida de las consecuencias psicológicas del hecho delictivo (Entrevista Clínico-Forense y test). Y así, nació el Sistema de Evaluación Global (Arce y Fariña, 2005) 2 , un procedimiento de psicología forense aplicable a múltiples contextos. Ahora bien, no es hasta aproximadamente el año 2010 3 cuando se prueba este SEG a los casos de violencia de género. Con tal suerte que, ese mismo año, Vilariño  recoge en su trabajo, una serie de criterios de realidad, (adicionales a los 19 del CBCA), específicos de violencia de género (véase página 189 4) descubiertos por los propios Arce y Fariña. Más recientemente estos autores y autoras (Amado, Arce, Fariña y Vilariño, 2016) 5 han decidido estudiar si efectivamente la técnica  CBCA y  la Hipótesis Undeutsch es aplicable a adultos, para ello han tomado por base 39 estudios y, tras un análisis estadístico (metanálisis) en los que se empleaban testimonios de víctimas y agresores, han concluído que los resultados confirman la hipótesis de Undeutsch y validan el CBCA como técnica. Ahora bien, también han descubierto , entre otras cuestiones,  que no todos los criterios discriminan igual de bien entre memorias reales y autogeneradas (imaginadas) .


Referencias bibliográficas:


lunes, 22 de agosto de 2016

¿Cómo generar falsas memorias usando experimentos de Psicología?


Una manera sencilla de definir la memoria podría ser aquella capacidad del cerebro para almacenar,  recuperar y dar sentido a la información disponible. Este último punto de dar sentido es tan importante como la capacidad misma de almacenar y recuperar. Tal y  como menciona la investigadora Elisabeth Loftus “muchas personas piensan que la memoria es un dispositivo de grabación” pero lo cierto más que grabar, crea los recuerdos a partir de la información que hay, y con mucha frecuencia rellena los huecos con lo que pensamos que ocurrió.

Existen un buen número de teorías y modelos que pretenden reflejar cómo funciona la memoria. Para comprender el fenómeno de las falsas memorias vamos a explicar algunos conceptos básicos de manera simplificada.

En primer lugar tenemos dos memorias sensoriales que procesan información visual (memoria icónica) e información auditiva (memoria ecoica). Si usted fija la mirada en un punto y cierra los ojos,  verá que queda en la oscuridad una imagen de lo que ha visto, desvaneciéndose poco a poco. Esto se llama icón y tiene también su equivalente auditivo. Un ejemplo típico es cuando termina una conversación con una persona y aun hay palabras resonando en nuestra memoria de lo último que se dijo. Además de estas dos memorias sensoriales tenemos la memoria a corto plazo (MCP) que es el almacén responsable de registrar lo que vemos y oímos para almacenarlo brevemente. Además,  la memoria a corto plazo, también se encarga de gestionar la información perciba y recuperar parte de la almacenada, por ello también es llamada Memoria Operativa (MO). La capacidad de esta memoria a corto plazo es limitada y corresponde a una media de 7 unidades de memoria (también llamadas chunks; Miller, 1956). Y para terminar, está la memoria a largo plazo (MLP) que es la que más corresponde con la idea de memoria tal cual la entendemos y cuya capacidad de almacenamiento parece ilimitada.


Los primeros en tratar este tema de las falsas memorias, fueron entre otras investigadoras, Loftus y Palmer (1974). Diseñaron un experimento en el cual un grupo de personas veía un accidente de tráfico. Tras el vídeo, las experimentadoras les pidieron a los participantes que estimaran la velocidad del vehículo. Y aquí está el truco, cuando los experimentadores preguntaban “¿A qué velocidad un vehículo contactó (contacted) con el otro?” los participantes dijeron, de media, 31.8 millas por hora. Cuando las experimentadoras preguntaban “¿A qué velocidad un vehículo chocó o hizo pedazos (smashed) al el otro?” la estimación era de 40.8 millas por hora.  Una de estas autoras, Elisabeth Loftus (1975), decidió ir realizar otro experimento e ir un poco más allá.  Tras exponerles a los participantes la película de un accidente de tráfico les preguntó:  “¿cómo de rápido iba el deportivo blanco cuando pasó el granjero mientras circulaba por la carretera local?”. Un 17% dijo ver un granjero que nunca existió. Habrá de mencionar el detalle que cuando uno participa en este tipo de experimentos suele estar bastante alerta para hacerlo lo mejor posible. Por otro lado, estas situaciones artificiales están lejos de ser fieles a lo que ocurre en la vida cotidiana (p.ej: presenciar un accidente de vehículo real).

Continuando con la manipulación experimental de recuerdos tenemos, dentro de los clásicos,  el estudio de Brown, Deffenbacher y Sturgill (1977). En un estudio sobre identificación de culpables, estos experimentadores le pidieron a los participantes (testigos) que reconocieran a un culpable en una rueda de reconocimiento. Generalmente, para que el reconocimiento sea válido la persona de ha estar "completamente segura". Lo que ocurrió fue que si el participante (testigo) había visto previamente una foto de una persona (cebo) que estaba en la rueda de reconocimiento, el 20% lo identificaron como culpable. Desde luego, la foto del cebo que habían visto los  participantes (testigos) no tenía relación con el delito observado. Dentro de las posibles causas de esta falsa identificación está que los testigos al reconocer la cara del cebo, tienen una sensación de haberlo visto con anterioridad. La lógica nos dice que como está en la rueda, intuitivamente debería ser el culpable, de lo contrario ni estaría en la rueda ni nos resultaría familiar su cara. De esta manera, más que reconocer al culpable, se deduce quién es el culpable. Una vez más, vemos  que la memoria, no sólo almacena y recupera información si no que también supone y rellena ciertas partes para darle un sentido de coherencia. A fin de cuentas sin los recuerdos de que almacenamos en la memoria seríamos personas muy diferentes.

En un estudio más reciente llevado a cabo por autores españoles (Manzanero, López, De Vicente y Ronco, 2008) se probó cómo influye poner un cebo (inocente) en las ruedas de reconocimiento. Cuando los testigos veían a la misma persona (cebo) en dos ruedas diferentes se producía un efecto curioso. Cuando el cebo estaba en dos ruedas, en la segunda rueda, el 19.2 % de las personas identificaba al cebo como el culpable aunque el autor real de los hechos estuviera delante. Por su parte, cuando el cebo era visto en la primera rueda de reconocimiento, tan sólo el 3.7 % de las personas lo identificó como culpable.

Tal y como se ha visto en algunos de estos ejemplos, la manipulación de la información puede alterar la memoria, de tal manera que Manzanero (2015) menciona las siguientes circunstancias que pueden generar falsas memorias:

*Información Postsuceso (conversaciones, visionado de vídeos, etc.)
*Simple imaginación.
*Recuperaciones múltiples (p.ej: recordarlo un buen número de veces)
*Distintos tipos de terapias (p.ej: imaginación guiada o hipnosis)
*Formato de las preguntas (manera de preguntar).

Respecto a este último punto es preciso tener muy en cuenta que las preguntas que se hagan sobre un suceso pueden alterar las respuestas y hacernos ver granjeros que no existen. En el siguiente vídeo, podemos ver a Elisabeth Loftus relatando algunos de sus hallazgos.




Referencias: Manzanero, A., L. y Álvarez, M.,A. (2015). La memoria humana. Aportaciones desde la neurociencia cognitiva. Ed. Pirámide.



sábado, 4 de junio de 2016

HCR-20 Una valoración actuarial del riesgo de comportamientos violentos



Entenderemos por comportamiento violento, aquel “conjunto de estrategias por medio del cual los individuos, a veces en solitario, a veces en grupo, tratan de imponer su voluntad de poder y dominio sobre otros, usando tácticas comportamentales que producen daño o malestar en las victimas” (Hilterman y Andrés Pueyo, 2005).  Existen un buen número de instrumentos para valorar la probabilidad de que una persona emita conductas violentas. Para la valoración de conductas de violencia contra la pareja, podemos recurrir a la entrevista S.A.R.A. , entre otras; si lo que queremos es valorar el riesgo de ejercer violencia sexual, puede usarse el SVR-20; cuando hay presencia de psicopatía podemos emplear el PCL-R y cuando pretendemos valorar el riesgo de comportamientos violentos uno de los instrumentos de elección puede ser el HCR-20: Guía para valoración del riesgo de comportamientos violentos.  El presente artículo pretende ofrecer una muestra detallada  y resumida de instrumento. En ningún caso este artículo podrá sustituir el manual  original publicado por la Universitat de Barcelona ya que en él figuran numerosas cuestiones a tener en cuenta en una valoración de riesgo.


En sus inicios, en HCR-20 fue desarrollado por la Comisión de Servicios Forense-Psiquiátricos del British Columbia (Canadá)  y actualmente comprende 20 ítems  que están relacionados con factores actuariales (análisis estadísticos de datos acumulados) y clínicos, todos ellos con una probabilidad relacionada con los comportamientos violentos. La codificación de cada uno de los veinte ítems es muy similar al de otros instrumentos de valoración del riesgo como la SARA o el Sexual Violent Risk 20 (SVR 20):

0.-No. El ítem está claramente ausente o no se puede aplicar.
1.- Quizá. El ítem está presente con probabilidad, o con una intensidad limitada.
2.- Sí. El ítem está claramente presente.
Omitir-.No se sabe. La información es suficientemente válida para tomar la decisión acerca de la presencia o ausencia del ítem.

Los primeros ítems a valorar corresponden a los Ítems Históricos (Pasado del Evaluado):

H1. Violencia previa. Los actos de violencia moderada incluirían “abofetear, empujar y otras conductas que no causen lesiones serias o permanentes”. Los actos de violencia grave englobarían aquellas conductas que causen “muerte o lesiones muy severas”.

H2. Edad de comienzo. Cuanto más temprano sea el primer acto violento conocido (que no el primer delito identificado) mayor puntuación se le otorgará.

H3. Relaciones inestables de pareja. Dentro de inestabilidad se entiende “muchas relaciones no duraderas, ausencia de relaciones, o presencia de conflictos en las relaciones duraderas”.

H4. Problemas relacionados con el empleo. Este ítem evalúa los problemas del sujeto con el empleo y  no la capacidad para encontrar un trabajo.

H5. Problemas con el abuso de sustancias adictivas. A mayor es la conducta adictiva mayor es la puntuación que se ha de otorgar.

H6. Trastorno mental grave. Análogamente al caso anterior, cuanto más grave sea la patología mental, mayor será la puntuación que se ha de otorgar.

H7. Psicopatía. Para evaluar este ítem es preciso conocer la puntuación del PCL-R o el PCL:SV (versión del PCL con muestra psiquiátrico-civil).

H8. Desajuste infantil. Cuanto más desajustado haya sido el comportamiento infantil y en mayores contextos se haya presentado (p. ej. casa y/o escuela), mayor puntuación recibirá este ítem.

H9. Trastorno depersonalidad. La puntuación viene de la mano de probabilidad de existencia de alguno de los trastornos de personalidad recogidos bien en el DSM o en la CIE.

H10. Incumplimiento de la supervisión. Este factor valora cuestiones que van desde escapar de un centro penitenciario, hasta reincidencia delictiva durante el periodo de libertad condicional pasando por  causar un altercado o volver tarde cuando se la ha concedido permiso.

A continuación figuran los Ítems Clínicos (Presente del evaluado):

C1. Carencia de introspección. Este ítem se relaciona con la consciencia y comprensión que la persona tiene de su problema con la ira  y la violencia.

C2. Actitudes negativas. Este se  ítem pone de manifiesto valorando el grado de antisocialidad de las actitudes del evaluado, con frecuencia está relacionado con los grupos u organizaciones sociales a los que los evaluados pertenecen y que contribuyen a perpetuar actitudes criminógenas.

C3. Presencia activa de síntomas de trastorno mental grave.  Evalúa la existencia de síntomas psicóticos que invalidan/anulan el autocontrol así como aquellos que amenazan la seguridad de la persona.

C4. Impulsividad. A mayor impulsividad mayor puntuación.

C5. No respuesta al tratamiento. Evalúa la persistencia de las conductas violentas a pesar el de los  tratamientos recibidos. Una peor respuesta al tratamiento es igual a una mayor probabilidad de desarrollar conductas violentas.

En el siguiente punto figuran los Ítems de Afrontamiento del riesgo (Futuro del evaluado):

R1. Ausencia de planes de futuro viables. Este ítem pone de manifiesto que cuantos menos planes de futro tiene la persona y cuanto menos realistas sean, mayor será la probabilidad de volver a desarrollar conductas violentas.

R2. Exposición a factores desestabilizantes. Cada persona expresa la violencia bajo una serie de circunstancias (p. ej: Agresiones ante exposición a drogas, ante rechazo de personas del circulo social del evaluado o  exposición a situaciones frustrantes entre otros). A mayor presencia de factores de inestabilidad mayor será la puntuación en este ítem.

R3. Carencia de apoyo social. Un grupo social (p. ej. familia) puede dar seguridad al evaluado, reduciendo la sensación de amenaza que generalmente sienten las personas con comportamientos violentos. A mayor carencia de apoyo social, mayor puntuación en este ítem.

R4. Incumplimiento a los tratamientos prescritos. El incumplimiento y la escasa adhesión a los tratamientos afectan a la comisión de conductas violentas y favorece la inestabilidad.

R5. Alto nivel de estrés experimentado. Afrontar el estrés con poca eficacia incrementa la probabilidad de emitir conductas violentas. A mayor probabilidad de mal control del estrés, mayor habrá de ser la puntuación en este ítem.


Y es al final del manual, donde  tenemos a disposición una práctica ficha en la que se recogen los resultados de este instrumento tan expandido por el ámbito forense y penitenciario, ya que como se ha visto, para obtener la puntuación de cada ítem con garantías es necesario consultar un buen número de fuentes de información. 

lunes, 4 de abril de 2016

Tipos de psicólogos/as forenses en derecho penal

La palabra forense viene del latín forum que no es otra cosa que mercado, plaza o espacio público en que el que tiene lugar la vida de los y las ciudadanas griegas y romanas. Era en el forum donde tenían lugar los juicios, por eso, con frecuencia se cita el apelativo de jurídico-forense para nombrar aquellos profesionales que esclarecen circunstancias de los delitos y las denuncias.

Para comprender la labor de la psicología forense en las Salas de lo Penal es preciso entender un poco cómo funciona un tribunal. La ley surgió para traer paz a los miembros de la sociedad, por tanto, el funcionamiento de las salas de justicia es similar al de cualquier otro conflicto. De manera muy simple podríamos decir que hay alguien que ataca (acusa). Hay alguien que defiende (defiende de las acusaciones) y otro alguien que decide quién es el vencedor (árbitro, que por analogía sería juez). De manera más fiel, en un Juicio (o Vista Oral) podremos encontrar los siguientes miembros:

-Magistratura (Juezes/as): Parte imparcial, toma en cuenta todas las pruebas y aplica el código en base a ellas (en derecho inquisitorial como ocurre en España).

-Fiscalía (ACUSA): Es esa persona que  el Estado pone al servicio del denunciante o la víctima y que lo representa.  

-Abogacía de la Defensa (DEFIENDE): En la mayor parte de códigos legales del mundo está recogido que todos tenemos derecho a un juicio justo. Independientemente de lo que leve o escabroso de un delito, esta persona se encargará que defender los derechos y la versión del acusado.

-Abogacía de la Acusación (ACUSA): Además de la Fiscalía, de manera particular, el denunciante, perjudicado  o víctima puede tener una representación en la sala de justicia.


Como es lógico cada uno tiene su lugar en la sala de justicia, y suele ser fijo e inamovible. Los jueces está al fondo de la sala y el público es el más cercano a la entrada. Si alguna vez ha estado en una sala de justicia verá que la colocación es la siguiente: 


De esta manera, en las salas de justica los psicólogos forenses pueden ser de dos tipos:

1.- Psicólogo/a Forense de Oficio. Cuando el profesional es llamado por la Magistratura  o la Fiscalía (p. ej. Fiscalía de Menores) se llama de Oficio y depende de los Juzgados. Habitualmente trabajan dentro de los Institutos de Medicina Legal (IML) o bien en gabinetes con convenio con el IML.

2.-Psícologo/a Forense de Parte. Cuando el denunciante (perjudicado o víctima) o el denunciado (acusado) es quien llaman al Psicólogo/o Forense se denomina de Parte.

Existen ciertos prejuicios a cerca de cada uno de ellos pero lo cierto es que tanto Psicólogos Forenses de Oficio como de Parte realizan el mismo juramento (o promesa) a decir la verdad y están sujetos a las mismas sanciones penales ante el incumplimiento del mismo.  

Por tanto, a excepción del público, cualquiera de las partes (Magistratura, Fiscalía, Defensa y Acusación) puede aportar pruebas psicológico-forenses que permitan esclarecer los hechos. De manera gráfica podría resumirse así:
Ya por último mencionar que los psicólogos/as forenses de Parte son privados mientras que los de Oficio son públicos. Más allá de quien los contrate, la labor de los abogados es representar los intereses de sus clientes, mientras que la labor de los peritos es la de representar la verdad. Si usted desea alguien que defienda exclusivamente su verdad no le extrañe que a lo largo del proceso de evaluación surjan datos que usted no tenía previstos o no desea que sean conocidos por el Tribunal. Antes de llamar a un psicólogo/a forense le rogamos tenga esto en cuenta. 

jueves, 7 de enero de 2016

Abuso sexual infantil en el hogar: Perfil de víctimas, delincuentes y contextos

Típicamente suele decirse que sin cuerpo no hay delito. Desde la criminología más clásica y fría, suele hablarse de la pareja criminal, entendiendo por ésta, la unión de dos personas entrelazadas por un mismo hecho delictivo con dos puntos de vista: la víctima y el delincuente. A continuación, se analizan  algunos de los factores implicados en los casos de  Abusos Sexuales Infantiles (ASI).

En primer lugar, una estimación muy gruesa del fenómeno de ASI, situó las tasas en España entre el 4.2 y el 28.8 % según la fuente de información. Cuando se les pregunta a los adultos a cerca de sus vidas, hasta un 19 % de la población adulta admite haber sufrido abuso sexual en algún momento de su vida. Esas fueron las conclusiones de un estudio llevado a cabo por López y su equipo. A primera vista, se puede pensar que es una cifra exagerada pero  tal y como nos dice Kalichman (1993), sólo un 40 % por ciento de ellos se denuncian.Por su parte, de los que se denuncian según, según Ceci y Hembrooke (2001), entre  5 % y un 35 % de los casos en realidad no han sucedido. Una buena parte de éstos se producen en el ámbito de las disputas por custodia. Diversos autores parecen de acuerdo al afirmar  que  cuando hay custodias de por medio, el  33% (Thoennes y Tjaden, 1990) y el 36% (Green, 1986)  de las de alegaciones de abuso sexual hacia al progenitor no custodio, son falsas 1 (citado por Garrido y Masip, 2004).






Este inconveniente es el habitual en el contexto forense y está en dilucidar qué casos son falsos de cuáles son reales. Vayamos con aquellos datos habituales en los casos de ASI reales.


Perfil de Víctima
Hay una serie de condiciones que hacen más proclive el padecimiento de ASI. En concreto, las niñas y las personas con discapacidad intelectual son dos grupos clave de riesgo.  En cuanto a la edad, Almonte, Insunza y Ruiz (2002) han puesto de manifiesto que de 6 a 11 años es la franja en la que se produjeron 27 de los 44 episodios de ASI estudiados: un 61.36 %. En cuanto a las consecuencias de los abusos sexuales son muy diversas,  tal y como detallan varios autores 1,2,3   y merecía un artículo exclusivo.

  

Datos extraídos de  Almonte, Insunza y Ruiz (2002) 2 .



Perfil de la Familia
El  ASI dentro de la familia se da en el 65,9% de los casos, mientras que el 31.8% de ellos se da fuera de la familia2. Las familias multiparentales, aquellas en el contexto de nuevas parejas y las familias monoparentales son los contextos más habituales del ASI 3. De esta manera, en aquellas familias denominadas reconstruidas el riesgo de ASI es dos veces más alto, siendo los casos más frecuentes aquellos desarrollados por la figura del padrastro. Por su parte, un buen número de familias presenta aparente normalidad de cara al público y "los trapos sucios se lavan en casa".
En el seno familiar o cuando el abusador es conocido, es frecuente que  aparezca “la ley del silencio” que no es más que un mecanismo para encubrir el abuso. Para mantener esta ley del silencio es habitual el empleo de amenazas (p, ej: “Si lo cuentas mato a tu madre y  tú y yo nos vamos a la cárcel”) y chantajes. Así mismo, es habitual encontrar una anulación de esa gran figura que es la madre. Con frecuencia esta figura está bajo el control del agresor que usa tácticas de maltrato. Otra manera de anulación es aquella ocurre cuando la madre padece  problemas emocionales o bien está expuesta a cargas de trabajo excesivas fuera de casa. El caso es que el abusador disponga de tiempo.

Podríamos pensar que los abusos sexuales ocurren en lugares tan fríos como las personas que los prepetran pero la realidad es que la mayoría tienen lugar en las  cocinas, los salones y los cuartos de cálidos hogares. Concretamente, el 96,7% de los casos de abusos ocurrió en un sitio familiar para el menor (casa del abusado, en casa del abusador o colegio, mayoritariamente2).

Perfil de Abusador

Según Trabazo  y Azor (2009),  de manera genérica, los pedófilos son mayoritariamente varones, de manera que tan sólo un 13 % son mujeres y un 87% hombres. Un 20% de los abusadores son adolescentes, si bien el grueso de edad tiene de 30 a 50 años , habitualmente están casados y son allegados (profesores, vecinos, etc.) de la víctima y su apariencia es normal, con estilo convencional e inteligencia media.

Hay autores como Becerra (2013) que han indicado  que  este tipo de delincuentes padece más Trastornos de Personalidad, en concreto del grupo C (ansiosos o temerosos): Evitativos, Dependientes y Obsesivo-Compulsivos, problemas de apego en la infancia y en la adultez  y mayor frecuencia de  trastornos afectivos y de consumo de sustancias.  De manera más llana, Perrone y Martínez (2007) indican dos perfiles, los cuales denominaremos el infantilizado y el dominante.

El abusador sexual infantilizado idealiza la figura de la víctima como pura e ideal. Por su parte, es un individuo dulce, inocente, inmaduro y bien integrado dentro de la familia 3. Tal y como nos índice Villanueva: “A la hora de definir la relación, se muestra sumiso, acepta el predomino de su mujer, y puede inspirar ternura, simpatía, lástima y deseo de protección. En este caso, la unión abusador-víctima se caracteriza por un estrecho repertorio de intercambios focalizados en la ternura y la búsqueda de gratificaciones bipersonales”.



Por su parte, el abusador dominante tiene rasgos más  antisociales y suele despreciar el entorno social y son frecuentes las conductas de sometimiento mediante violencia física y/o psicológica 3. Habitualmente su comportamiento es más osado y temerario, y con frecuencia las amenazas están más presentes. 



Sería complicado cerrar este capítulo sin mencionar dos circunstancias dramáticas para el sistema jurídico. La primera es la de los casos que se cierran por falta de pruebas, y es que un 39% de los abusos no deja secuelas físicas 1 . En estos casos, la pericial psicológica es una opción especialmente adecuada. La otra circunstancia dramática es el estigma que representa ser acusado falsamente de un delito de semejante calibre.  Por otro lado, es importante recordar que en la noche más oscura es cuando más brillan las estrellas. Por ello, resulta conmovedor  ver cómo hay auténticos gigantes menores de edad capaces de denunciar a abusadores sexuales y derrumbar sus tiranías. Por estas titanas y titanes henchidos de  valentía hay que recordar que el sistema jurídico-asistencial debe ser lo más cálido y menos invasivo posible. Porque ya es bastante difícil vivirlo como para tener que revivirlo varias y que además de ser víctima de un delito, existe una victimización secundaria y  una victimización terciaria


 Referencias:

Garrido, E. y Masip, J. (2004). La Evaluación del Abuso Sexual Infantil. Ponencia presentada en el I Congreso de Psicología Jurídica y Forense en Red.
2 Almonte, C. , Insunza, C. y  Ruizv, C.  (2002).  Abuso sexual en niños y adolescentes de ambos sexos.  Chil. neuro-psiquiatr. v.40 n.1 .
3 Villanueva, I. (2013). El abuso sexual infantil: Perfil del abusador, la familia, el niño víctima y consecuencias psíquicas del abuso. En Psicogente, 16(30), 451-470